En este día, querámoslo o no, toca hablar de la Navidad y lo voy a hacer desde la cultura cristiana que compartimos todos, aunque respeto que actualmente se la quiera comparar con el solsticio de invierno. Dicen que las fiestas del solsticio de invierno, las fiestas del Jul, ya existían en las civilizaciones nórdicas y que los cristianos lo “copiaron” para la Navidad.

Tampoco para mí tiene controversia aunque me pregunto que es primero si el huevo o la gallina, qué existía antes si un Creador que creó todo, hasta el solsticio con su sol deambulando, o todo es de generación espontánea. No me preocupa, que cada cual lo celebre como quiera o crea, pero es igual, un tiempo de parón para renacer, para mejorar, para fundamentarse en la familia y los amigos, para alegrarnos de que los días vayan creciendo, al fin y al cabo todos decimos: “happy christmas”, feliz navidad.

Y Navidad quiere decir nacimiento, el símbolo recordatorio de un sentimiento interior que cada cual lo lleva como quiere pero que está dentro de nosotros mismos y que se adorna con luces y hermandad, una explosión de luz y de esperanza como al fin y al cabo lo van a celebrar en Madrid bajo los auspicios de Manuela Carmena que manteniendo los reyes magos tradicionales después de las críticas del año pasado equilibra, o más bien complementa, estos días relajantes. Nada hay nuevo bajo el sol y la familia se reúne, los desfavorecidos se acogen, los amigos hacen promesas de continuar y de estar juntos. Unas fiestas en las que la bondad parece ser el leiv motiv entre los humanos. ¿Qué alguien tiene un Niño Jesús en su mente y corazón? Pues bien. ¿Qué alguien tiene el caminar del sol que nos regala los días, que la luz vence a las tinieblas? Pues bien. Al final cada cual siente en su interior y destina momentos para vivirlo.

Siento que haya muchas personas que no les gusten estos días porque nos recuerdan las personas que nos faltan. O personas que tienen que juntarse cuando no se llevan bien. O personas que están solas y no levantan cabeza, porque la tienen anclada en la tristeza. Todo esto es normal en los humanos. La vida, el tiempo, pasa y nunca son iguales los días ni los minutos. No sé si los del solsticio lo pensarán así pero yo al menos siento a mi mesa a quienes me faltan junto a los que tengo y celebro la efeméride, el recuerdo de todos junto a Aquel que todos los años se nos presenta como un Niño desvalido y luego ni más ni menos que cuando creció fue el ejemplo de vida que quiero seguir. Todo es optar siguiendo al propio corazón. Ese es el mejor ejemplo de la evolución humana y la opción que elegimos, es cuestión de seguimiento y de crecimiento conforme el interior va cambiando. De forma natural, de forma esperanzada, de forma sorpresiva, día a día, como también el Sol. Todo para renovarse. No hay contradicción. Pero yo soy de la Navidad.

Así que os deseo unos días cálidos en los que nos propongamos ser mejores, en los que disfrutemos de lo que tenemos y busquemos momentos para interiorizar lo que nos falta, para dolernos, sentirlo y reconocer lo que nos han dejado con su compañía, el caso es estar bien, compartir sonrisas y abrazos que curan. Feliz Navidad.