¡Pues vaya! He vuelto de los días relajantes en Londres que nos permitía este puente y me encuentro con que el Informe PISA, que es la valoración internacional del rendimiento de nuestro alumnado y que compara todos los países, sitúa a España en un nivel medio y a Andalucía por debajo de él, de tal manera que ahora está Andalucía en el punto de mira de todos y algunos hasta parece que disfrutan. Por cierto me fascinó Londres, su realidad y su fantasía, su niebla casi constante, su anochecer a las cuatro de la tarde, sus casas y chimeneas, recordar a Mary Poppins, Peter Pan y el idioma del que no entendía nada. Todo llano, todo libre, todo casi silencioso, todo bastante diferente hasta el punto que casi comprendo el brexit o al menos respeto que hagan lo que quieran aunque vea un follón conducir por la izquierda.

Pero bajemos a la realidad y a lo nuestro donde se sigue hablando de lo mismo, desde las palabras estúpidas del alcalde de Alcorcón, la detención del estafador de la niña enferma, el ambiente navideño como de rondón, colándose, ese ataque a Andalucía desde el Informe Pisa que ya me han puesto de mal humor porque en Andalucía se enseña bien y honestamente, no como otros que tergiversan la historia, y yo doy fe porque lo he vivido. Empezaré por decir que no quiero dudar de estas pruebas aunque sí de su valoración cuantitativa y de sus ganas de fastidiar, nosotros sabemos evaluarnos bien e intentaré llegar adónde me propongo. En todo proceso educativo hay tres factores que influyen: la escuela, la familia y la sociedad y todo ello con la idiosincrasia particular de cada lugar. Lo mismo que las leyes deben ser iguales para todos, no en todos las sociedades se aceptan del mismo modo. Lo mismo que las enseñanzas son iguales para todos, 00 los estamentos educativos las aplican igual. Y lo mismo que las familias deberían saber sus responsabilidades para con sus hijos e hijas, que son iguales, no todas las cumplen igual. Todo esto lo digo porque es lo que hay que analizar al proponer unos datos. Y yo no me creo que Andalucía esté por debajo aunque sé que Andalucía tiene su problemática particular y no está bien medir a todos por el mismo rasero.
Veamos. El sistema educativo adolece de mucha burocracia pero pretende enseñar. El profesorado en una gran mayoría es un colectivo entregado y preocupado, enseña realmente, se pasa el día enseñando y educando, no hace otra cosa en el tiempo que dedica a estar con su alumnado.

La sociedad a veces se desvía de sus normas de convivencia y responsabilidad mostrando ejemplos cuestionables. Las familias tampoco ponen la educación de sus hijos como prioritaria tanto dentro como fuera de su seno. La familia es lo más importante y dónde puede estar el quid de la ausencia de unos hábitos que complementen a la escuela.

El niño o la niña, inmersos en este maremagnum contradictorio en el que no se le explica ni se le enseña con ejemplos la razón para aprender en su tiempo, que es lo único que tienen qué hacer, no sabe dónde mirar, si a la escuela, a la familia o a la sociedad si no van de acuerdo en todo lo que se debe transmitir desde siempre. Y se confunden y se desmotivan.

Se evalúa la lectura. Hay que leer todos los días un rato en casa. Se evalúan las matemáticas, hay que favorecer el pensamiento lógico todos los días. Y se evalúan las ciencias naturales y eso hay que hacerlo todos los días, a los niños y niñas les gustan. Hay que complementar en la casa, acompañarles, sí sólo acompañarles, a realizar de forma lúdica todas estas tareas. A los adolescentes también. Hábitos, hábitos y hábitos de estudio. ¿Esto se hace en Andalucía? Yo sinceramente creo que en la mayoría de las casas no, hay mucha prisa, no se tiene claro lo que hacer. Y no estoy dispuesta a pensar que nuestros niños y niñas son más tontos que nadie ni nuestros maestros y maestras peores que nadie. Yo lo he sido y siempre pienso en aquella canción de Serrat que bastante razón lleva: “Y no se preocupe, maestra, usted no sabía que su perfume no es el mismo que el que nos hacen respirar fuera”.