La Galería Cristóbal Bejarano inauguró el pasado 11 de noviembre, la muestra “Pinturas”, del artista Rafael Cerdá (Montoro, Córdoba, 1955). La exposición se podrá visitar hasta el próximo 14 de diciembre.

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla, obteniendo el “Premio extraordinario fin de carrera al número uno de su promoción”, compagina la actividad pictórica con la docencia (Catedrático Dibujo de Bachillerato). Pintor, escultor y grabador, ha realizado exposiciones individuales y colectivas en salas, museos y galerías de toda España y en el extranjero, Museo Santos Rocha y CAE de Figueira da Foz (Portugal), en el Museo de Bellas artes de Bilbao, en el Museo de Alcalá de Guadaíra, itinerante con el Grupo Pegamento organizada por la Fundación Unicaja en Cádiz, Málaga, Almería y Antequera, “60 años de arte contemporáneo” en Córdoba, en el Museo de Chaiyi de Taiwán y en ferias de Arte Contemporáneo como Estampa, Arte Sevilla, Art Expo de Barcelona 2000, Art-Jaén y Arco 07 y 08, Stand Junta de Andalucía, programa Iniciarte, Galería Margarita Albarrán, S.A.CO Feria de Arte de Sevilla, etc.

Ha obtenido diversos premios en certámenes nacionales e internacionales de pintura, escultura y grabado. Se encuentra su obra representada en colecciones públicas y privadas.

En su cuarta exposición individual en la Galería Cristóbal Bejarano podemos ver pinturas abstractas, hechas con técnicas mixtas y sobre diversos soportes como lienzos, papeles y metacrilato con el que está experimentando más recientemente.

Rafael Cerdá, tres posibilidades de la representación abstracta.
La amplia experiencia plástica y los numerosos recursos derivados de ella, fundamentan tres variantes de la pintura abstracta de Rafael Cerdá. Cada una de ellas tiene peculiaridades que las distinguen en su estructura interna, composición, movimiento y color; del mismo modo, las tres presentan dimensiones apreciables y variadas y caracteres comunes que las hacen reconocibles como obras del pintor.

En el primer caso, Rafael Cerdá procedió con técnica mixta sobre lienzo, en obras en las que las pinturas presentan una base estructurada con una cierta lógica tectónica, esto es, un esqueleto interno racional, que sostiene el vuelo libre e intuitivo de los colores. La distinta consistencia de esos colores, unas veces cargados de materia; otras velados, cuando no babosos, y la oportuna elección de gamas e intensidades, refuerza el sentido de los movimientos sobre la estructura básica, oculta bajo la materia pictórica. Esto origina un espacio de representación específico
pictórico, en el que la fuerza de los colores y la intensidad de éstos configuran una sensación espacial muy característica. En ninguna aparecen elementos reconocibles o asimilables a la realidad visual; sin embargo, esos movimientos y los colores reflejan estados de ánimo que pueden ser tanto o más reales que la propia apariencia física.

La morfología de las obras de la segunda variante es análoga. La técnica mixta sobre papel, presenta dos novedades, la naturaleza del propio soporte y los papeles recortados y pegados como argumento plástico significativo. Esos papeles funcionan como elementos igualmente abstractos, por lo general en un nivel intermedio entre la estructura básica y la masa de color superpuesta en distintos niveles. La condición natural de esos papeles, proporciona planos intermedios que, mediante las veladuras correspondientes, matizan, complementan o contrarrestan, los movimientos de los colores. Como en las pinturas de la primera variante, esos movimientos, decididos, bien 
ubicados, dirigidos y relacionados, generan ritmos, fundamentales en la definición de los espacios; mientras que los papeles velados se presentan como identidades sugerentes que confirman la existencia de un espacio propio.

La tercera variante implica un cambio técnico radical y resultados muy personales; no obstante, los puntos en común que se detectan en la morfología de las obras. La pintura con acrílicos y spray sobre metacrilato tiene unas exigencias muy distintas. El procedimiento, directamente sobre el soporte trasparente, exige la aplicación de los colores con un sentido inverso a la vista del espectador. Por ese motivo, los trazos que determinan el orden estructural básico no sostienen el entramado de colores, sino se ajustan después a ellos originando un efecto ilusorio. Del mismo modo, ese entramado es, debido a ello, mucho más simple que en las dos variantes anteriores. Puede considerarse incluso básico en todos los sentidos. Tal simplificación queda compensada con el brillo de los colores, en apariencia superpuestos y, en realidad, con la inversión técnica apuntada, aplicados en primer lugar sobre la superficie. Eso exige una variedad en la aplicación de cada elemento o disposición de color que no se da en las dos primeras variantes, unas veces como borrón, otras como trazo gestual, a veces como mancha, cuando no como plano
informe.

En definitiva, los distintos procedimientos son responsables de las texturas tan particulares de cada una de esas variantes, en las que el espacio ficticio es debido a la relación directa establecida entre el orden estructural, como tal racional; y la fuerza expresionista de los movimientos de color, intuitiva y apasionada.

Andrés Luque Teruel