Muchas veces habremos dicho: Voy a ir a cumplir con la familia de esta persona que ha muerto. Y vamos, damos nuestro pésame a la familia y así cumplimos. Pero  viendo lo que se ve por parte de alguna gente en ocasiones, es un puro acto de “cumplimiento” es decir, “cumplo y miento”.

Esto a mi juicio es lo que ha pasado con Rita Barberá  por parte de bastantes políticos del PP, cuando por un lado, sus propios compañeros de partido, entre ellos el lenguaraz Rafael Hernando y bastantes más, la anatemizaban en vida expulsándola del PP; compañeros que ahora se deshacen en alabanzas una vez que esta mujer, ha fallecido. Rita tuvo también el privilegio del aforamiento y este privilegio ha de desaparecer en España. Pero así mismo es curioso que el mismo cuñado de Rita haya dicho: “Ha muerto de pena y la causa principal, la han hecho los suyos”. Ahora, algunos de estos “suyos” culpabilizan a los medios de comunicación poniendo el ventilador a las heces que antes, ellos mismos han soltado por su boca. ¡Hipócritas!

A un servidor Rita no le caía bien por su forma de comportarse públicamente, por su altanería, prepotencia, autoritarismo, presumiendo de una vida fácil, rica, posible y presuntamente consentidora cuando no actora de muchos desatinos, esperpentos, como lo fue en el caso de del metro de Valencia… pero como ser humano, no me alegro de su muerte.

Intentando ser consecuente con mis creencias y tras su muerte pensé:

No serás juzgada por Nadie, sino que será tu propia Conciencia la que te interpele, como a todos nos ocurrirá cuando llegue nuestro momento.

Pero, ni apruebo las actuales alabanzas falsas y fingidoras de muchos de los suyos, ni  tampoco, la actitud del Sr. Iglesias y su partido por su ausencia en ese minuto de silencio en el Congreso. Yo me hubiese quedado como señal de respeto institucional aunque no aplaudiese al final. Y lo hubiese hecho por coherencia personal y política, por honestidad, por humanidad y así hacer ver que por encima de las ideologías está el ser humano.

Olvidamos que cuando murió el cantautor José Antonio Labordeta, en septiembre de 2010, la mesa del Congreso le negó ese minuto de silencio (fue congresista ocho años) y a otros muchos a los que póstumamente también se les negó. Ese minuto de silencio, estaba pactado desde hace muchos años como señal de respeto a compañeros de Institución, incluso a gente asesinada por ETA. Entonces, ¿por qué a Rita sí y a otros muchos que lo merecían  no? Ahora reivindican con auténtica falsedad la figura de  Rita, después de reducirla al ostracismo, a cenizas… Los suyos, sus amados coleguitas.

No puedo con la falsedad y la hipocresía; busco y deseo  la ética personal a riesgo de ser un exiliado de esta sociedad,  antes que sumarme al carro de la apariencia, la hipocresía y la desvergüenza.

Ante todo eso y tantas falsedades, antepongo mi independencia, dignidad, mi conciencia y mi compromiso real con mi sociedad, con nuestra sociedad en otros frentes… aun a riesgo de estar equivocado.

Por tanto y repito, no siendo Rita santa de mi devoción, porque tuvo maneras y actitudes muy criticables, no soy quién para condenar a una persona de la que nada sé, salvo esas maneras públicas que no me gustaban ni un pelo.

Pero sólo hasta ahí opino de ella.

Este mundo en el que sobran condenadores, anda necesitado de gente con corazón que quiera entender y respetar a los demás. Aunque cuando sea necesario, con datos contrastables en la mano, hacer una denuncia pública de cualquier injusticia o indecencia sin temor alguno, pero también sin odio.

Aprendí hace tiempo y así intento llevarlo a cabo, a mirar el interior, el corazón de las personas y no a su ideología política. Mis padres, represaliados por la dictadura franquista así me lo enseñaron. Ellos eran gente sin rencor a pesar de lo que les hicieron sufrir. Las ideologías se las lleva el viento, la decencia no.

Mientras no tengamos claro y asumido, que la política, ha de convertirse en una actitud permanente de servicio a la comunidad, por encima de los intereses personales en cualquier partido, seguiremos en un limbo cruel y despiadado.

Siempre tengo un rayo de esperanza, en la confianza de que los seres humanos vayamos cambiando a mejor, porque este mundo, el ser humano a pesar “de” merece la pena.