Hoy 25 de Noviembre, hoy mismo hace 56 años, en la República Dominicana dominada por el dictador Trujillo, fueron asesinadas las tres hermanas Mirabal después de unas torturas horribles e indignantes. Eran activistas en contra del régimen, eran valientes, eran mujeres. Esta es la fecha en la que posteriormente la Asamblea General de la Naciones Unidas proclamó como Día Internacional contra las violencias hacia las mujeres. Y eso conmemoramos.

Todos los días vemos mujeres sufrientes por las múltiples violencias que se cometen contra nosotras en todos los ámbitos, en todo el mundo, para todas con más o menos virulencia. Es una cuestión histórica de dominio patriarcal de géneros, el género es lo que se construye a partir del sexo que se tenga, no hay equidad en la parte humana y de libertad individual y de eso todas sabemos mucho, desde el más mínimo menosprecio por ser mujer, pasando por amenazas e insultos y terminando en violencia física, sexual, psicológica, económica y cultural, se llega a la muerte por asesinato, ahí está la Violencia de Género, la violencia más gratuita. Yo te mato por ser mujer, porque me molestas, porque no me obedeces, porque no vales nada, porque me dejas, porque no soporto tu superioridad ante mí que me miras con tus ojos agonizantes, como un ser castrado humanamente. Te mato porque me da la gana.

Todo esto indigna, yo no sé cómo no le indigna a todo el mundo, antes no se veía y “no existía”, ahora se ve porque sigue existiendo, pero la ciudadanía pasa, no sé cómo aguanta escuchar pared con pared sin denunciar y sobre todo sin socorrer a esa mujer que sufre, que se queja, que se duele, que le hacen daño… que muere. No lo entiendo, cuando nos manifestamos para realmente concienciar a todos de lo que está pasando, que hay que cambiar las leyes, que hay que recusar a los jueces injustos, que los niños y niñas lo sufren igual, que hay que procurar el bienestar de nuestras convecinas, es lo que queremos. Pero no, miramos y las miradas que se nos devuelven dicen mucho, unas son extrañadas, otras displicentes, otras juzgadoras, otras despreciativas, otras indiferentes. No se cruzan de calle ni siquiera por solidaridad y sabemos que piensan que las que protestamos somos unas desocupadas, unas histéricas o unas feministas. Lo vemos siempre pero yo este año ya lo he visto dos veces y lo veré más, en sendas manifestaciones-concentraciones en contra de esta violencia. Me preocupa esto, me preocupa ver que miran sin moverse, no sé cuántas más tienen que morir para que se convierta en alarma nacional. Si me llaman feminista puedo decir que sí, que lucho por los derechos de las mujeres en equidad porque no los tienen. Si me dicen histérica pues en realidad estoy indignada y a lo mejor se me nota y si me dicen desocupada pues no, miren ustedes, tengo cosas que hacer y también puedo estar sentada en una terraza perfectamente con mi tapita o mi ración el tiempo que quiera, pero quiero dedicarlo a las demás, a mis congéneres que no pueden.

Este año quiero pedir más aplicación en el deber de las instituciones para entender, proteger y priorizar, todas carecen de algo, la violencia de género en serio. Existe el peligro de que se tome como un trabajo de 8 a 15 horas y casi se quejan del voluntariado feminista, sí. Cuidado, el retroceso ideológico educativo, el incremento de la desprotección social, el mayor desempleo, la feminización de la pobreza, la insuficiente prevención, protección y atención a las mujeres víctimas de violencia, son factores de riesgo que están favoreciendo el incremento de la violencia contra las mujeres. Y parece que lucha sólo del feminismo y porque asusta la palabra no hay quien abra la boca, o se hace de boquilla, que también lo sabemos ver porque son ya muchos años y muchos días conociéndonos. Eso es así.

Por si fuera poco, el colmo es ya el poder judicial o las leyes y ese artículo 416. Es necesario que, de una vez por todas, la sociedad tome nota de lo que está ocurriendo y que está llevando a las mujeres víctimas a no sentirse respaldadas por el sistema judicial, y en el peor de los casos, a ser asesinadas sin ninguna medida de protección a pesar de haber denunciado e incluso de haber pedido ayuda. Los y las menores también son víctimas directas de ella. La ley y sus posteriores reformas da instrumentos para hacer frente a la violencia de género, pero de nada nos sirve si las personas responsables de aplicarla optan por no hacerlo. Por eso desde aquí exigimos una mayor sensibilidad y formación de jueces, juezas, magistrados/as, fiscales y abogados/as. Solo con formación especializada en esta materia podremos asegurar que las víctimas, sobre todo aquellas que por desgracia ya no tienen voz, estén perfectamente representadas y defendidas. Necesitamos políticas que solucionen estos problemas y estas solo pueden venir de la mano de, además de un Pacto de Estado, de algo tan imprescindible, como la puesta en valor en todos los ámbitos de nuestra sociedad de la equiparación de las mujeres, todo ha de cambiar para que estos asesinatos no sigan produciéndose y se ponga freno de una vez por todas a lo que ya se ha instaurado como un auténtico feminicidio. Terrorismo machista es más claro.

Esto último es lo que manifiesto como feminista, pero como persona, mujer y linarense, conozco comportamientos machistas y falsos en las redes sociales en nuestra ciudad. Y con nombres y apellidos. Pero no pasa nada y se sigue sufriendo la injusticia. Mi apoyo y solidaridad para ellas, que lucharemos hasta que se evidencie, que llegará. Estaremos ahí y ya el silencio no nos hará cómplices.

Hoy 25 de noviembre, pocas o muchas, nos mostramos con rabia, tristeza, impotencia y mucha desazón…Esperamos que el Pacto de Estado prometido por nuestra Presidenta sea una realidad, porque la lacra asesina machista suma y sigue. Nosotras seguiremos unidas y con fuerza para seguir luchando hasta cambiar la situación de las mujeres en riesgo. Ojalá cada vez seamos más.

POR ELLAS.