La repercusón del triunfo electoral de Trump en USA se ha extendido como la pólvora por todo el planeta. Los diversos medios de comunicación, que en determinados mensajes actúan como uno solo, en este caso coincidían difundiendo el miedo de manera exagerada. Y es que el miedo, como un instrumento de dominio usado por el poder -entiendo- hay que analizarlo junto a los verdaderos intereses del propio poder. Poder globalizado y creciente con la rebaja democrática que afecta al conjunto de occidente, empezando por la metrópolis del nuevo imperio. Hablo, claro está, del neoliberalismo transfronterizo que se entiende muy bien con la industria del control de opinión y la del belicismo centralizada en el Pentágono. Hablamos de miedo a la vez que de poder globalizado transfronterizo y democracia devaluada. Parecen tres conceptos difíciles de conciliar que, sin embargo, se han venido combinando con astucia en la “gobernanza” en los últimos decenios. En este momento, diversas poclamas casi “autárquicas” del presidente electo parecen poner en riesgo el control neoliberal. De ahí, creo yo, que hemos de poner en cuarentena el desmesurado miedo y avivar, por contra, el ingenio para discernir la realidad. Veamos.

Cuando tome posesión Trump, como durante sus mandatos Obama, tendrá un limitado margen de maniobra, pues en lo esencial servirá también a la minoría plutocrática. El presidente saliente, junto con la candidata Clinton, ha promovido una nueva guerra manteniendo la disputa en Oriente Medio y penetración en el centro de Asia. En política interior apenas ha avanzado en la propuesta del seguro de enfermedad. En cuanto a la integración racial, algo tan simbólico en su candidatura, el fiasco de ser el presidente negro de la policía que más negros mata. También ha mantenido la doctrina Monroe (América para los norteamericanos) con el derrocamiento en Honduras y el hostigamiento a regímenes poco sumisos como Brasil o Venezuela. Alguna concesión aparente en Cuba en la que, sin embargo, se mantiene la ignominiosa base de Guantánamo.
Esa presión, otra rebaja democrática, la va empezando a notar ya también el “populista” Trump en aquello en que parece contravenir al neoliberalismo transfronterizo. El mismo poder mediático que se empleó a fondo para neutralizar a Sanders, voz de la clase trabajadora, ahora clama contra el fascismo racista y misógino que había jaleado al propio Trump. Ahora el ya presidente empieza a recular matizando sus propuestas electorales. Lo que antes era la construcción de un muro en la frontera mexicana ya no está tan claro, y la expulsión masiva de inmigrantes se reduce a las cantidades que venían siendo habituales en mandatos anteriores. El poder neoliberal necesita ese exceso de mano de obra extranjera para mantener la gran brecha de rentas entre las grandes fortunas, como la del propio Trump, y el precariado. De alguna manera ya se empieza a ver que el león no es tan fiero como lo pintaban. Por eso hablaba al principio de la necesaria cautela ante la exageración del miedo difundido y del rendimiento que del mismo podría obtener ese poder mediático, cada día más global. Además de posibles guerras y restricción de importaciones, lo que si se ha conseguido en la vieja Europa es el recrudecimiento del fascismo xenófobo. En España lo de Trump también usa la vía del “populismo”. Sí, aquí se le llama también “populista” a quien se oponga a Rajoy y sus alianzas. Se repara poco en que haya sido Rajoy el mandatario europeo que ha felicitado con efusión a tan fascista, misógino y racista personaje. Y es que aquí se repara poco en el significado de la palabra populismo que viene asociándose a la de demagogia (ideología que propugna la defensa de los intereses del pueblo para conseguir el poder). En ese sentido, casi tan populista o más que Trump podría ser Rajoy, si recordamos sus propuestas en 2.011.

Y es que, recapitulando sobre el uso tendencioso del miedo, el aliento mediático global del neoliberalismo ha conseguido un doble y complementario objetivo. Por un lado, ha logrado expandir el miedo por todo el planeta que, con la amenaza fascista y xenófoba, ya se venía haciendo notar en lugares de Europa. Por otro, ese mismo miedo se utiliza, como arriba señalaba, entre otros fines, para domeñar aquellos aspectos (paraísos fiscales, deslocalizaciones y esclavitud laboral,…) del programa de Trump que pudieran contrariar a la triunfante economía global. Tras este acontecimiento, tanto en USA, como en el mundo global, España, Andalucía o Linares, tendremos más de lo mismo: miedo y confusión a raudales, y una democracia de pacotilla que ha de simular que disputa por administrar la calderilla con que mantener un vil clientelismo.