Excelente análisis de las televisiones el que hace el señor Martínez Lara en un artículo del padado 25 de octubre, en este mismo diario digital.

Iba a hacer un comentario, pero me resultó tan extenso, que decidí hacer un artículo con él.

Creo que el objetivo de los Medios de Comunicación en general, y de la televisión en particular, actualmente en nuestro país, no es otro que potenciar la natural tendencia del cerebro humano hacia la ley del mínimo esfuerzo, a no trabajar, a no pensar, en definitiva, a la comodidad, en un erróneo entender de nuestro organismo al considerar que la no utilización de un órgano alargará la vida de éste y, al tiempo, la del propio organismo.

Ignoro que interés anda detrás de tales estrategias televisivas e informativas, si el económico, el político o el de la propia ignorancia.

De ahí el éxito de ciertos programas que dejan, cómo vulgarmente se dice, el electro plano. O de los informativos, convertidos ya en meros “reality” con morbo o en instrumento de circo romano con el fútbol masculino.

No obstante, creo que no todo está perdido pues, a pesar de esta facultad humana de no pensar, ni reflexionar o tomar conciencia crítica sobre las cosas que nos rodean y suceden, también es cierto que poseemos otra facultad, aunque a veces no parezca que todos los seres humanos participen de ella, que es la necesidad de mejorar la sociedad.

Siempre han tirado del carro unos pocos, lo he dicho en otras ocasiones creo, y por fortuna, muchos han tomado ejemplo y aceptado las nuevas situaciones propuestas. Por eso considero que algunos programas de televisión se salvan, por ahora pocos, seguro, pero esto indica, al tiempo, que es posible una programación que tanto entretenga como haga pensar a la gente.
No me es válido el argumento de que se perderían las audiencias con programas diferentes, pues si seguimos mi planteamiento inicial, cómo están los telespectadores de pasivos, los aceptarían sin plantearse si merecen la pena o no. Cuando los vieran, entonces reaccionarían, aprenderían a ser críticos y adquirirían más cultura, al tiempo que segurían entreteniéndose, digo.
Además, con una buena ley , consensuada, se podría hacer una televisión de calidad. Con el ejemplo de la ley del tabaco de Zapatero hemos visto como en este país las cosas sólo pueden cambiar a golpe de ley, no podemos esperar a que la sociedad española madure o por inspiración divina adquiera valores que la lleven a crecer cultual y tecnológicamente.

Pero, hasta ahora a pocos gobiernos nacionales y andaluces les ha interesado llevar a cabo experiencias como las que aquí propongo. No hablemos de las televisiones privadas. Económicamente es más rentable llevar a cuatro charlatanes por dos duros o a desconocidos por nada, tan solo por hacerse famosillos.

Las opciones actuales de programas no basura son tan pocas y a horas tan extrañas que no llegan a la gran masa de telespectadores.

Canal Sur se ha convertido en un reflejo de la chabacanería de lo que han hecho con nosotros los anadaluces ¿o ya éramos así?. No lejos de lo que otras televisiones autonómicas han hecho con sus Comunidades (en concreto hablo de la gallega, que también hay que echarle de comer a parte). La tv española, con programas que ofrecen honrosas escepciones, no es más que un instrumento al servicio del partido gobernante desde hace ya muchas legislaturas.

No sé en manos de quién está hacer que las cosas cambien. Los valores de una sociedad, medidos sólo por el dinero, como en la nuestra, hace que cada vez los ciudadanos corrientes seamos cada vez más pobres y que muchos de los que se acercan al poder sean corruptos o corruptillos. El gusto por la cultura, el conocimiento y la conciencia crítica son valores perdidos por la sociedad española, si es que alguna vez los hemos tenido, y la televisión es un medio importantísimo que puede influir en recuperarlos.