Se cuenta que un grupo de científicos, quería saber la resistencia de una rana al agua caliente. Estos hombres dispusieron una pecera e introdujeron una rana en ella, al tiempo que empezaron a calentar el recipiente con el bicho dentro. Al comienzo el animal se encontraba muy a gusto, con el agua de la pecera tibia, pero empezó a subir la temperatura y al final la rana murió cocida. Si a la ranita, la hubiesen echado ya con el agua caliente, su sentido reflejo, hubiese hecho que saltase al exterior, y así se hubiera salvado de morir cocida. Pues bien, esto es lo que suele pasarnos a las personas. Poco a poco, se nos van recortando derechos y logros sociales ya conseguidos, hasta que llega el momento en el que no tenemos capacidad de respuesta. Vivimos medio cocidos ante injusticias que tendrían que suponer una respuesta social inmediata y fuerte, pero no damos respuesta; con nuestra falta de “oxígeno critico”, doblamos la cerviz. Véase el recorte de aspectos sociales. Crisis, que la mayoría de la población trabajadora no ha buscado, sino que se la han dado hecha, ya cocida. Cuatro millones de parados, desesperados, apáticos. Sindicatos que se han funcionarizado, sobre todo en sus cúpulas de mando, olvidando a sus representados en muchas ocasiones. Ahora en Linares, el 85% de los empleados de “Aemsa”, la empresa que fabrica las torres de los aerogeneradores para la energía eléctrica son desplazados a Asturias obligatoriamente si no quieren ser despedidos y no es el mal peor. Mientras, el paupérrimo tejido industrial linarense, y no hablemos de los autónomos, se desangra gota a gota, muriendo dulcemente hasta quedarse sin sangre, cocidos como la rana.

Y la gente pasa en su mayoría del drama de estas familias. Nos hemos vuelto tan egoístas e insensibles, que nos da igual lo que ocurra a los demás. El tema de la extinta Santana fue gravísimo y no obstante de ser apoyada por cien mil personas, cuando a ellos se les necesita, la mayoría mira para otro lado. Claro, ya no es su problema. Si vamos al trato que el profesorado, sanitarios y usuarios sufren de parte de las distintas Administraciones, es para echarse a llorar, pero ellos mismos tampoco se quejan. La urgencias médicas colapsadas con lo que ello supone de mal funcionamiento. Ya prácticamente, no se puede elegir médico, te lo dan impuesto, pero nadie protesta. Si tocamos el tema de las telefonías y las eléctricas, te meten unos clavamientos en las facturas, que parece que vivimos en la época de los trabucos en Sierra Morena. Y si te despistas en el pago te cortan el suministro sin avisar. Hemos pasado a una suerte de terrorismo económico y social, impensable en estos tiempos.
Gente, familias paradas, sin apenas para poder comer, que toman un plato de algo caliente, no todos los días, de los comedores asistenciales. Cantidad de parados a los que se les corta la luz y el agua y tienen que ir a Cáritas o Cruz Roja, para que les ayuden en el pago de las facturas. Personas que rebuscan en los contenedores de los “super” algo que echarse a la boca. Las grandes estructuras financieras, máximos responsables de esta crisis, con cuentas de resultados escandalosas, que bordean, si no están metidos de lleno, en el gravísimo pecado estructural de esta sociedad. Mientras, seguimos totalmente indolentes.
Si el sufrimiento no nos afecta directamente, los demás que carguen con su problema, no nos interesa, pero si nosotros somos los que tenemos el problema y otros no nos ayudan, entonces somos unos tales, unos cuales.

Una blanca, vale dos negras…hasta en las partituras musicales.

Oía comentarios desgarradores estos días, respecto al documental de Jordi Évole en la Sexta del pasado domingo titulado “Astral” sobre el salvamento en el mar de quince mil refugiados de las guerras y los tres mil quinientos ahogados que van ya. Se me ponía la carne de gallina cuando en un grupo de gente comentaban refiriéndose a esto: “Siempre nos ponen a la hora de comer y cenar todas estas desgracias, como si no tuviéramos cada uno en nuestra casa bastantes problemas”… “¡Claro, ahora salvan a estos moros y a estos negros, para que vengan a quitarnos el trabajo!” Todas estas gentes inhumanas son comedores de almas, como los “Hombres Grises” en el libro de Michel Ende titulado “Momo” en que los “Hombres Grises” mataban, fumándose el tiempo de los humanos. Ahora matan, robando la posibilidad de vivir a los demás decentemente. Vivimos cocidos sí; vivimos muertos en vida. Y lo peor, estamos cociendo y matando a nuestros hijos y nietos.

Y mientras, incomprensiblemente, gentes con sueldos o pensiones bastante ajustadas, llenos de miedo, se dedican a componer y a trovar epitalamios al gran capital.