Ante la situación de crisis económica que vivimos todavía, por más que se quieran disfrazar las situaciones, el pasado mes de septiembre aumentó el paro en España en casi 22.000 personas, han surgido iniciativas brillantes desde algunos Ministerios, capitaneados por el de Hacienda. Iniciativas que, como ya viene siendo habitual, bien han pasado desapercibidas, bien han sido admitidas sin un análisis crítico, por nuestra sociedad.

Por un lado, los recortes del Ministerio de Defensa han llevado al Ministro Morenés a suprimir el servicio de limpieza en los cuarteles y son los propios militares quienes han de llevar a cabo tan digna tarea. Supongo que el trabajo le será encomendado a los escalafones más bajos de la escala militar, no me imagino a un general limpiando su despacho mocho en mano. Lo curioso del asunto es que la noticia ha dejado impasible a los ciudadanos; vamos, que nos ha importado tres pitos. Luego queremos que nuestro ejército sea moderno, bien preparado militarmente y nos saque las castañas del fuego a propios y a ajenos.

¿Pero, qué pensarían esos mismos ciudadanos si mañana, al llegar a su lugar de trabajo, el jefe les viniera con una orden similar? En el terreno de lo privado, supongo que habrá más de un trabajador, sobre todo trabajadora, que no tenga más remedio que hacerlo, pues, aunque no forme parte de sus funciones, si no lo hiciera se vería de patitas en la calle, y no me vengan con que esto que digo es una barbaridad, que no ocurren abusos, que son casos aislados, con las contrataciones que se permiten hacer en la actualidad.

¿Y qué ocurre con los trabajadores públicos? No olvidemos que los militares, hoy por hoy son empleados del Estado. Así qué, ¿se imaginan a un maestro antes de entrar en el aula, limpiarla para qué los niños no contraigan ninguna enfermedad? Los más lúcidos pensarán hasta qué está bien, sobre todo los anti funcionariado. Pero, vayan ahora a la Universidad, que el Catedrático de Microbiología limpie su laboratorio, o mejor que lo hagan los alumnos que, además de pagar, limpien, para que aprendan.

Y, hagámoslo extensivo a otros campos: Que el médico de urgencias limpie la sala de espera del hospital, que los magistrados pulan como la patena el estrado de los “investigados”, que los señores Diputados lleven desinfectante para sus escaños (jejeje, seguro que a más de uno le agrada la idea). Ah, y que Montoro se cabree porque Méndez de Vigo, o De Guindos le han sisado la lejía para sus Ministerios.

¿A nadie se le ocurre que quienes ensucian las calles son quienes deberían limpiarlas? Pasen por el Paseo de Linarejos a eso de las nueve de la noche y vean la cantidad de basura esparcida delante de cada banco, sí, esos maravillosos bancos con fotos del Linares antiguo. Ahora no me digan que el Ayuntamiento no ha puesto suficientes papeleras. De pena; ¿qué pensará cualquier visitante? O vayan al botellódromo un domingo por la mañana, antes de que los trabajadores del servicio de limpieza hagan eficazmente su trabajo. Incluso, después del Mercadillo, pasen y vean.

Otra medida para ahorrar en el presupuesto público ha sido, sin duda, la brillante idea de no aprobar ninguna partida presupuestaria para los premios nacionales de cultura y, como no, para el Premio Cervantes. Realmente, ¿para qué gastarse dinero en tal evento? ¿Es qué los ciudadanos sacan algún provecho cultural o económico del mismo? La verdad, los ciudadanos ni se han enterado, así qué en 2017 que no haya premios y ahorro para las arcas de Hacienda. Total, si somos uno de los países que puntuamos más bajo en sistema educativo, en lectura de libros, etc., para qué.

Seguro que hay muchas más ideas brillantes de este Gobierno en Funciones, o de cualquier otro, esto no es exclusivo del PP, por supuesto; lo único es que les ha pasado a ellos y por eso, hay que decirlo. Pues les animo a que las hagan públicas, así nos echamos unas risas.