“Un león que no podía ya cazar por su extremada vejez, trató de matar a un caballo que pacía en el campo. Para esto fingió ser médico y se llegó a él preguntándole por su salud.

El caballo conociendo el engaño y la mala intención del león, le respondió simulando que estaba muy malo pues se le había clavado una espina en la pata. Este dijo al león: Amigo, cuánto me alegro de tu venida, pues creo que los dioses te han traído aquí para darme salud. Ve pues la manera de sacarme esta espina que me molesta mucho.

El león fingiendo que sentía su mal, se ofreció a sacársela, pero siempre con la intención de matarle. Púsose  el caballo en la posición adecuada para realizar el intento y al tiempo de ir el león a sacarle la espina, le dio un par de coces en la frente y se escapó, dejando al león tendido en el suelo.

Cobrando el león después el sentido, se levantó y viéndose en tan mal estado y que el caballo no aparecía, se dijo entre sí: Con justa razón sufro esto, pues el caballo justamente me ha vuelto un engaño por otro”.

El narrador de esta fábula, viene a demostrarnos lo odioso de la falsedad, porque no es de temer el enemigo que se muestra como tal, sino el que siendo enemigo se presenta bajo la capa de amigo.

A lo largo de nuestra vida, por desgracia, siempre nos habremos encontrado con más de un león con dudosas intenciones respecto a nosotros. Y como en la fábula, envuelto en la capa de la amistad, la traición, el servilismo o la adulación.

Pero a diferencia del caballo, estamos muchos idiotas que todavía, a estas alturas de la vida creemos en la amistad como si se tratase de un don divino (quizá lo sea), porque como confiamos en la bondad de los demás, hacemos votos porque el otro cambie su intención, pues sólo ha visto de nuestra parte fidelidad, respeto y ayuda

Y después del zarpazo, siempre la misma pregunta: ¿por qué? Es difícil encontrar un porqué en la actitud del otro, porque analizando, aun con nuestros defectos, sólo hemos actuado honestamente, dando cariño, dando amistad, estando para las maduras, pero sobre todo para la duras con él o ella. Es evidente que en nuestras relaciones con los demás, siempre alguno de nosotros habremos hecho daño a alguien. Pero cuando ese daño no ha sido intencionado, el daño puede quedar en un simple episodio, en pura anécdota, pues posiblemente ese supuesto mal comportamiento haya estado condicionado por los patrones que cada uno tenemos de la amistad, intentando medir con nuestro mismo rasero los planteamientos del amigo. Basta con pedir perdón sincero a quien hemos dañado, pues no se ha hecho con ánimo de herir.

Lo fácil, ante una traición o una agresión de palabra u obra, es responder con la misma moneda, y si cabe con mayor contundencia, para demostrar que además de no ser imbéciles podemos hacer más daño si cabe que el que hemos recibido. Pero lo realmente difícil es saberse controlar ante una situación de este tipo.

De acuerdo en que podremos parecer débiles ante algunos que tienen una escala de valores humanos distinta, pero ante esa supuesta debilidad, se encuentra una fortaleza y tenacidad que no es fácil poseer, si no es a costa de una autodisciplina personal que  hace a estas personas seres de otra categoría.

He llegado a comprobar en ocasiones algo que repetimos continuamente como loritos, pero que apenas ponemos en práctica por propia debilidad personal: “La mejor bofetada es la que no se da”. Qué cierta es aquella frase que dice “Siéntate pacientemente a ver pasar el cadáver de tu enemigo ante tu puerta” Esto es el Karma: cualquier acto tiene su correspondiente respuesta, para bien o para mal. La venganza denigra al ser humano y es un boomerang que se vuelve contra quien lo lanza, haciéndolo humanamente miserable. Les remito a “Los Miserables” de Víctor Hugo.

Es posible que el león no se de por enterado de nada de esto, pero en todo caso será su problema.

Como fábula, la actitud inteligente del caballo no dejaremos de aplaudirla; pero tampoco nos sirve, no somos caballos.

En esto muchos padres han educado  a sus hijos, y para gozo de esos padres, esos hijos van sacando buenas notas en esta difícil asignatura de la vida.

Pero no se confunda el león, ser pacientes, ser tolerantes, no es ser idiotas, porque la paciencia y la tolerancia también se acaban.

En fin, son las actitudes de cada uno frente a la vida.