Los dirigentes actuales del PSOE lo van a lograr. Si su objetivo es destruir definitivamente el partido, lo van a conseguir. Han elegido el peor momento para llevar a cabo un debate interno de proporciones incalculables, la situación de crisis y de cambio político, territorial, económico y social que vive el país así lo parece indicar, aunque, como el cáncer, supongo que nunca se elige cuando te viene. A ello contribuyen algunos históricos del partido, entre ellos “el más grande”, Felipe González que, desde su pedestal de directivo de grandes empresas, aporta su montañita de arena al conflicto.

Es cierto que el problema interno del PSOE no es nuevo, que a partir de que se marchara González de su liderazgo, sufre una profunda crisis que no ha sabido gestionar, a pesar de los años. Recuerden a Almunia y su falta de “carisma”. Lo de Zapatero fue un paréntesis gracias a que consiguió en las urnas la Presidencia del Gobierno y, por tal motivo, fue respetado desde dentro. Pero, tanto con Rubalcaba como con Pedro Sánchez, los socialistas han dado muestras, desde sus distintos reinos de taifas, de querer repartirse los despojos de un pastel ya mermado por esas mismas urnas.

Ignoro cual puede ser la solución a los problemas internos y de liderazgo, quizá un secretario de transición como hizo la antigua Alianza Popular con Hernández Mancha, quizá dejar a un lado los intereses personales, no encubrir a los que lo hicieran mal (no hablo ni siquiera de cometer delitos) o más democracia interna; pero a mí me enseñaron en casa que las diferencias familiares hay que resolverlas en la familia, de puertas para adentro y que, de puertas para afuera no debíamos hablar mal de los nuestros, eso sí, sin amparar por ello cualquier delito y haciendo que, internamente se pague lo que haya que pagar con auto crítica.

Es mal momento para que un partido que ha perdido parte de su credibilidad, como lo demuestran las pasadas elecciones (nacionales, vascas, gallegas, incluso andaluzas) se dedique a airear sus trapos sucios y no esté unido como una piña ante el panorama que se avecina porque, de una parte beneficia al PP, otrora su rival directo, pues, a pesar de la hipocresía con la que se comporta este partido ante el deterioro del PSOE, argumentando que no es bueno para la estabilidad del país que un partido histórico, como el socialista, se halle en tal situación, se frotan las manos porque se quedan sin contrincantes fuertes que les puedan hacer sombrar, al tiempo que ven dividida a la izquierda que en otros tiempos supo aunar el partido socialista.

¿Y ahora qué? A dos meses vista de unas posibles elecciones generales o a la investidura de Rajoy si la apoya el PSOE con su abstención, ¿quién se va a echar “palante”?

La candidatura más proclamada por los varones socialistas, por los medios de comunicación al menos, es Susana Díaz. Pero, ella sabe tan bien como aquéllos que el nuevo líder será transitorio, que se quemará en poco tiempo; si apoya a Rajoy, el electorado no se lo va a perdonar, y si hubiera nuevas elecciones en diciembre, no tendría tiempo de formar equipo y hacer una campaña convincente.

Por otro lado, el populismo, a lo Canal Sur, con el que gobierna Díaz en Andalucía, no creo que sea válido más allá de Despeñaperros, por lo que la Presidenta andaluza necesitaría un tiempo para normalizar sus formas y su discurso para ser convincente en el resto de España.

Y de Cataluña ni hablamos.

Así que, aparentemente, quienes más se benefician de la situación actual del histórico Partido Socialista Obrero español son, de una parte el Partido Popular y, de otra, la otra alternativa de izquierdas, Podemos, que atraerá más votos y seguidores gracias al deterioro del Partido Socialista. Y quien más perjudicado, sin duda, el propio PSOE.

La posición del PP cuando dice que no es bueno para el país que el Partido Socialista deje de ser fuerte, no es más que un trampantojo para seguir manteniendo divididos y confundidos a los votantes de la izquierda.

Pero, nada, ni nadie, es imprescindible en el mundo, sobre todo si de mutuo propio opta por el suicido.