En más de una ocasión he citado aquí al autor de “1.984” y  de tantas obras admirables,  que  retomo hoy. Sospecho además que, diciéndolo de manera expresa o no, Eric Blair (por su verdadero nombre) estará  presente en bastantes de mis escritos. Ya decía el filósofo “nada nuevo hay  bajo el Sol, tal vez la combinación de elementos ya existentes y la pertinencia de hacerlos brillar”. En la última ocasión, quiero recordar, me refería a la obra Homenaje a Cataluña cuando me hice el propósito de ahondar en la vida y obra de don George. En el empeño cayeron en mis manos las novelas Los días de Birmania y La hija del clérigo. De la narración en Birmania, además de una hermosa aventura de sus bien dibujados protagonistas, refleja muy bien el ambiente descolonizador en la Asia británica. En la segunda, retrata con maestría la Inglaterra y su enseñanza de principio del siglo XX. Aunque ambas obras hicieron crecer mi admiración por el autor, es  Ensayos (ed. Debolsillo), donde se recogen en unas mil páginas los escritos de este género, la que me ha empujado a esta reincidencia  orweliana.

            Hay aspectos del autor que, entiendo yo, no se han ponderado acorde con la confirmación que vienen dando a sus premoniciones en la literatura, en la (in)comunicación y en el devenir social e histórico, tras su prematura muerte en 1.950. Pocos autores han observado con tanta lucidez y perspectiva la sociedad que les ha tocado vivir para pronosticar con tanto acierto la dereiva que cabía esperar. Vemos el control social ejercido sobre la persona para que,como ocurre hoy, ceda su propia intimidad y libertad ( en 1.984), o para que la convivencia se torne en cosa de cerdos (Rebelión en la granja).  La citada lucidez aparece indisolublemente unida a la veracidad de testigo insobornable de su época  y de servidumbre a la calidad literaria. Sorprende el pavoroso contraste de esa honestidad intelectual al lado del espectáculo que ofrecen algunas de las supuestas “lumbreras” del presente.

             Alguien me ha llegado a insinuar que qué podría yo vaticinar sobre lo que pudiera  haber  sido la vejez de quien no llegó a cumplir el medio siglo. Respondo citando suficientes casos de honrosas longevidades como José Luis Sampedro, Susan George o José Saramago. Aparte queda   el taimado olvido de la entrega de nuestro autor para con su obra y sun compromiso humanista. Qué poco se repara en la ejemplar sobriedad de quien nos ocupa, de los antes citados, o de tantos otros admirables como Antonio Gramsci. Casi sin pensarlo, se me ha deslizado el pensador y escritor italiano que también estudio ahora con similar entusiasmo. El paralelismo en la muerte precoz por tuberculosis de ambos autores va más allá del declive acomodaticio que otros aceptan con placer.

            Prescindiendo de paralelismo o comparaciones casi siempre odiosas, volvamos a nuestro autor y a la obra también encomiada en el título. Ensayos  constituye una recopilación casi completa  de los mismos presentada de manera cronológica con cuidada edición. Para mí, con algunas lecturas previas sobre el mundo británico, ha supuesto un un importante inmersión por la cultura y las historia reciente del país de Shakespeare y tantos otros escritores y aspectos destacados por el autor.

El periodista y el escritor mezcla su trabajo en la descripción de lo que vive con la intención de que el instante relatado se nutra de la trascendencia humanista y literaria. La lectura de los ensayos de cada año, además de constituir una crónica bastante completa de ese periodo, nos permite incursiones sobre temas que interesan al autor. Me ha impresionado el escrito en el que polemiza con León Tolstoi con relación a lo que el genio ruso opina sobre Shakespeare. En el mismo lejos de quedarse en la superficie, se puede colegir una importante documentación y un importante estudio de todos y cada uno de los aspeectos que se suscitan.

            Aparte a la admiración por el autor teatral y de otros como Mark Twain o Jakc London, muchos textos vienen dedicados a la vida social y política de su tiempo. En algunos casos vuelve a reflejar la pobreza que no cesa. En todos ellos se muestra con la honestidad tan destacable en su narrativa como en sus de memorias. Refleja también la pujanza que se mantiene en la minería e industria británicas, aunque no deja de apuntar los problemas que se avecinan. Su experiencia en España le lleva a denunciar la falsedad del “pacto en no agresión anglo-francés” para dejar caer  a la República Española frente a la ayuda nazi al bando de Franco. Al referirse a la segunda guerra mundial, ya anticipa  el relevo del Imperio británico en beneficio del nuevo imperio USA.