En los tiempos que corren, cualquier cosa es posible ya en política. Hace unas semanas, un grupo de, en su mayoría, viejas glorias del panorama social e intelectual del país, firmaron un manifiesto en pro de un gobierno tripartito entre PSOE, Podemos y Ciudadanos.

Si observamos con detenimiento, la mayoría de aquellos firmantes vienen, de alguna manera, de la izquierda de la Transición y postconstitucional: El exdirigente de IU Gaspar Llamazares, el valencianista Joan Baldoví, el expresidente de CCOO Antonio Gutiérrez, Manuel de la Rocha de izquierda socialista, el catedrático de Economía Juan Torres, los escritores Juan José Millás, Luis García Montero, Javier Reverte, Juan Madrid, Antonina Rodrigo y Manuel Rico, el humorista gráfico Antonio Fraguas, Forges, el exalcalde socialista de San Sebastián Odón Elorza, el exalcalde de Vitoria José Ángel Cuerda del PNV, el pintor Antonio López —miembro de Recortes Cero—, el exjuez Baltasar Garzón, las actrices Aitana Sánchez-Gijón y Mercedes Sampietro o los músicos Joaquín Sabina y Miguel Ríos, entre otros.

“Necesitamos otro gobierno que revierta los recortes, defienda la sanidad y la educación pública, los derechos laborales, la cultura, la ciencia y el medio ambiente, que proteja a los autónomos, ayude a las pymes y cree empleo. Necesitamos otras políticas que acaben con la desigualdad, castiguen ejemplarmente la corrupción y pongan fin al deterioro democrático”, argumentan los firmantes.

A todas luces, los dos partidos que tendrían que tomar la decisión de admitir un gobierno de esas características, Ciudadanos y Podemos, ya que el PSOE sí parece tenerlo claro (al menos su Secretario General), se han negado por activa y por pasiva. Resulta que ambos son precisamente los más jóvenes, los surgidos de la crisis económica y de la crisis de valores. La negativa, al margen de cuestiones ideológicas que sólo convencen a los acólitos y afiliados, que no al grueso de la ciudadanía, parece venir en gran medida del fuerte ego que esgrimen los dirigentes de ambas formaciones, que parece anteponerse al hipotético bien común que podría alcanzarse con un tripartito.

Mi reflexión quiere encauzarse hacia una pregunta: ¿Por qué, personalidades tan relevantes de la cultura, de la justicia, de la sociedad española en general, como dije, provenientes en su mayoría de la izquierda histórica, han optado por hacer pública su opinión acerca del beneficio de un gobierno a tres entre PSOE, Podemos y Ciudadanos?

La razón podría ser que han previsto, con cierta lucidez, el futuro que se avecinaría en caso de unas terceras elecciones. Por un lado, el PP volvería a ganar, esta vez si no con más votos, sí con mayor número de escaños en el Congreso de los Diputados, pues sus votantes suelen ser fieles y, ante las indecisiones de Ciudadanos y la campaña del miedo hecha por Rajoy ante la inminente venida de la izquierda radical, se volcarían votando al Partido Popular en detrimento del partido de Rivera. Y por otro, porque saben que el votante de izquierdas, ya bastante dividido por su naturaleza inconformista, se cansaría de que le tomasen una vez más el pelo al ver que no conduce a nada su voto, a causa de la incapacidad para ponerse de acuerdo de los partidos de izquierdas. Recordemos la gran oportunidad perdida por la izquierda en las elecciones de diciembre de 2015, debido a la negativa del partido de Pablo Iglesias a formar gobierno con el PSOE (y/o con Ciudadanos).

Y, ante tales perspectivas, aquellos dinosaurios, esos ancianos de la tribu que han firmado el manifiesto por el tripartito (qué lástima que nuestra sociedad no tenga en cuenta la opinión de los más mayores y más sabios) han vislumbrado una hecatombe para la izquierda si hubiera elecciones en diciembre de 2016, sobre todo por la gran abstención que se prevé en el votante de izquierdas y de centro.

Hecha la reflexión, los Tres Tenores: Sánchez, Iglesias y Rivera (perdonen la broma, era tan tentadora) quizá debieran tomar buena nota, así como sus respectivas formaciones, porque en enero de 2017 podrán venir sus lamentaciones ante la más que probable victoria, esta vez sin condiciones, del Partido Popular.