Uno de los asuntos sobre los que había más unanimidad en la pasada legislatura era en reprobar la ley Wert y la dimisión de su promotor, aunque no con su retiro dorado en París. Pese al repudio electoral del 20D, la LOMCE sigue adelante, como tantas otras cuestiones del incontrolable gobierno en funciones de don Mariano. Para mí que entre educación, democracia y algo de sentido o memoria social, hay una rara asociación de causa-efecto. Cuesta entender que se proponga un pacto educativo a la vez que se persevera en el camino errado. Durante este largo tiempo de “D. Mariano en funciones” la cuestión educativa inquieta más si cabe. Veamos si soy capaz de remover algo los retos y preocupaciones que tal comporta. Empiezo con un muestreo de más fácil recuerdo.

Un profesor jubilado de matemáticas se quejaba de la promoción contínua casi automática, lo que le obligaba a enseñar la tabla en enseñanza media. El mismo refiere las deficiencias en la formación profesional reglada como en la gestionada por particulares. El señor Marina, (profesor de filosofía, escritor y colaborador en la obra cultural con una Fundación Bancaria) retoma sus propuestas educativas al calor del sucesor del ministro Wert. Un amigo maestro me habla de la implantación del trilingüismo pese a las carencias del bilingüismo en marcha. En un encuentro con amigas maestras me completan los problemas que compartíamos en primaria. Se recrudece la lucha entre pública y privada con una vergonzante mercantilización por el alumnado. A las dificultades para cuadrar los horarios con el aumento de especialistas (religión,educación física, idioma..), lo que lleva clases de 45 minutos con permanentes trasiegos y pocas confidencias. Así crecen los brotes de acoso escolar, las adicciones varias, la desigual implicación de familias e incluso del profesorado, la anticipación de la problemática de la adolescencia a 5º y 6º de primaria,..En el resto del sistema escolar,incluida la universidad, el mismo mal con variantes: cultura consumista-superficial y de modelos sociales que imponen los medios. Disminuye la filosofía allí y por doquier se huye de la tentación de amar lo que se aprende Los valores de la familia apenas discrepan o enriquecen en ese maremagnun,… La cosa se complica tanto que, en el mejor de los casos, nos lleva a pensar:¡ Pobre educación, entre todos la estropeamos y ella sola se extravió!

Para remover, quizá ayuden algunas preguntas-siempre menos incómodas- sobre lo esencial: ¿Qué educación quiere en conjunto nuestra sociedad a? ¿Para qué? ¿Cuánto.. de valores, de ciencia, de oportunismo político, de apariencia superficial, de respeto a sí mismo/a y al prójimo,.. Usando las confidencias recogidas, tratemos de responderlas, para acabar atisbando alguna salida.

*La educación es cada día más una mercancía, una oferta política, o almacenaje de alumnado, que “el encuentro entre diferentes para la construcción compartida de aprendizajes, valores y sentimientos”. Tanto en la familia, en la calle y en la escuela prima el utilitarismo y el beneficio de lo inmediato (notas, graduación desde infantil,..) propios de la selva. Se está renunciando a perder el tiempo” escuchándonos, a la filosofía que hace comprender(nos) y amar el saber, para ser persona.
*Prima la competitividad de la lógica capitalista priorizando los aspectos materiales en detrimento de las relaciones humanas con la segregación de los supuestos débiles que aceptan el la orden sin más y descartando la creatividad colectiva y solidaria entre iguales. En un mundo revolucionado por los medios de comunicación se va creando un tipo de persona solitaria poco capaz de un diálogo rico e integrado. Se propicia más la especialización que el trabajo cooperativo y la empatía personal.
*Esa persona, débil en cuanto a su madurez personal y bisoña en habilidades de relación, va generando insatisfacciones personales y disfunciones sociales en el campo laboral y cívico. Van creciendo la apatía y otras inadaptaciones al colectivo que no asegura la competitividad de la selva. Conviene añadir a esas consideraciones la visión de mundo más interdependiente para vivir en paz.

Está claro que hacia esos objetivos no nos llevarán reformas que las diseñan políticos que perseveran en sus propuestas ya fracasadas o en aquellas otras que se le acaban de ocurrir. Conviene que se consideren ejemplos o modelos de éxito en otras latitudes y en otros tiempos en este país.En el norte de Europa o durante la República los gobiernos y la administración educativa se preocupan menos de milimetrar el programa al profesorado y dotarles de una auténtica formación profesional. Ésta empezaba por una cuidada selección inicial. A ella se unen la cualificación esmerada en psicología, didáctica, pedagogía y sociología que en conjunto se añadieran a una sólida formación cultural, científica y artística. Una vez asegurados las apitud y cualificación en general , la adecuación al perfil de la especialidad elegida, desde infantil a la universidad. En esta etapa, tanto más que el conocimiento de las propias disciplinas, tendrán que cuidarse los aspectos heurísicos y psicológicos que se dan en la mente de quien aprende.

En ese aspecto, en contra de lo que se cree, han de cuidarse, tanto como la que más, la formación del magisterio de infantil y primaria. Se ha ignorado la comprensión global con que las criaturas perciben el mundo en dicha fase. Así, sin más cautela y desconsiderando los cambios y -en algunos casos- carencias que se pueden dar en la familia, se producen escolarizaciones difíciles. Éstas lo serán menos, en cuanto que el profesorado esté bien formado y pueda establecer una relación personal y estable con el grupo. Ello difícilmente se puede dar con cambios cada 45 minutos. Conviene más la referencia personal que otros aspectos que, como idiomas o similar, se pueden asegurar en la selección previa. Por otro lado, conviene especial cualificación en relaciones personales y para la comunicación oral, escrita, icónica y artística.

Llegar a estas reflexiones llevó al abajo firmante años de autodidacta, reuniones enriquecedoras con colegas con más experiencia y bastantes lecturas personales. La formación del magisterio en los años sesenta dejaba bastante que desear y lamentablemente después no ha mejorado demasiado.