El sosiego
desgastado
del tedio,
circunda
el aire arcaico
de la estancia.

Fluctúan olvidadas,
las palabras,
entre los cuadros
y los vasos
recios
del lar
semi-vacío…

Resisto,
sólo un rato,
respaldado
severo,
en el sillón sin mácula
del rincón
más sombrío…

Me ha demorado,
un relámpago
de fugaz
y diáfana
fragancia,
inconfundible en el aire:
rosas, lilas,
lirios y tulipanes…
y he percibido
tu sombra,
madre…
-en el afán
de acicalar
la casa…-

Ha oído,
como si fuera
ayer,
el eco
del badil
de barrer la calle…
y ha reconocido,
casi al instante
el efluvio
del trapo
de pasar el “Pronto”
sobre el polvo
silente
de los ventanales…

Aún perdura,
claro,
en mi memoria
el ímpetu pulido
de tus ojos
como transparencias vegetales…

Te recuerdo,
de luto:
negro mandil.
Mechón blanco,
en tu frente
desnuda.
Seria, cansada, enferma…
sin sales
que alentaran
el latido
sigiloso
del delicado ritmo
de tu pecho…

Me cuesta llevar la cuenta del tiempo…
¿Treinta…
cuarenta…?
Yo, tenía nueve…

… ¡Ah…! Hace mucho…
Hace…
demasiados años,
que se fue…;
pero hoy,
al volver
a entrar en casa,
después
de tanto tiempo,
su perfume,
en el aire…
le ha magullado el recuerdo:
– rosas, lilas,
lirios y tulipanes-
¡Y las violetas
le han advertido
del vacío
que dejaste!

Sé,
que donde vivo
ahora…
has venido
a visitarme…
…Por eso tengo,
…esa silla…
donde no dejo
sentarse a nadie:

Para que descanses,
-pendiente
…de lo que hago-
…Y los domingos…
-cuando ninguno repare-
ordenes
las rosas
y endereces
los cuadros;
de manera,
que al volver yo,
…piense que ha sido
…el aire…