Se ha cuestionado, y con sobrada razón, la utilidad del actual parlamento ante su ineficacia para (¿controlar al gobierno?) y elegir uno nuevo . La certera (y enriquecida) cuestión puede inducir a varias respuestas desalentadoras para gran parte de la ciudadanía, alguna de ellas claves para seguir siendo tal. Ése es el sentido del título que glosa el “sabio” parecer del Sr. González y demás “próceres” del PSOE que claman por tan ilógica, inmerecida y antidemocrática continuidad de Rajoy. La cuestión, si se toma en serio, merece algo más que el tópico de “que se entiendan que para eso cobran y mucho”. No, no nos debiera valer, por mucho que nos cueste pensar algo más, olvidarnos de los graves problemas crecidos durante el gobierno del PP. Algo de serenidad y perspectiva sobre lo ocurrido ayudará a superar el mensaje interesado quien, como se dice, se ha mostrado indigno de nueva confianza. Veamos.

Pese a lo que digan don Felipe y compañía en apoyo del PP, convendría recordar que, mientras no se cambie, “en democracia cada persona un voto”. Está claro que no todo el mundo tendrá tanta sabiduría como el antiguo abogado laboralista que ahora se relaciona con potentados como Cebrián o Slim. Pese a ello, el ejercicio real de la ciudadanía lo es desde la autonomía personal del voto y el respeto a las mayorías que den las urnas. Lo demás es una versión espuria de la democracia que desgraciadamente crece también en más paises. A ese respecto, conviene recordar (en el parlamento y en la calle) que seguimos tratando de darnos un nuevo gobierno que sustituya al presidido por el desprestigiado y plasmático Rajoy. Es más, bastante antes del 20D el “sabio” González ya recomendaba un gobierno de coalición PP-PSOE. Ese argumento, con ligeras variantes, gozaba del respaldo de la derecha (PP y C.s),IBEX y gran parte del PSOE para que no entrara en el gobiernos Podemos. Había surgido el bloque constitucionalista (PP, PSOE yC.s) prescindiendo ya de los tradicionales vascos y catalanes por mor del independentismo, aunque al negociar la Mesa del Congreso no había problema. De esa manera, con el equívoco del independentismo y otras patrañas, tapaba el mencionado bloque, los recortes,la corrupción y otras miserias acumulados por del régimen del 78. Qué no decir de la pobre Venezuela y otros infundios, la mayoría inventados, sobre Podemos. Sí, aunque no rebobinemos a la hora de formar nuevo gobierno valorando programas y la credibilidad acreditada por los candidatos en su anterior e inocultable actuación institucional, debiéramos separar el trigo de la paja.

Reclamábamos antes, y conviene insistir más, en la necesaria perspectiva para valorar lo que ocurre sin que la interesada espuma de las noticias nos siga confundiendo. Decíamos que “los políticos en el poder no nos representan” y que en eso y en algo más el 15M tenía razón. Sin embargo desde casi aquel lejano Noviembre 15, el poder plural y mediático ha distorsionado tal impresión para demonizar opciones, regeneradoras. A la par, aprovechando lógicos errores de bisoños, dicho poder camufla la indefendible e insolidaria política neoliberal entronizada. Inyectando ingentes cantidades de miedo y patrañas, Rajoy, el político más impopular en las encuestas,obviando con cinismo la realidad y con auxilio ajeno, trata de presentarse como única solución al problema por él agudizó. Ni el abuso de la mayoría absoluta y decreto-ley deteriorando el parlamento, ni la misión encomendada a sus ministros/as hasta el desgaste o dimisión-cese por dichas causas, repudio y/o corrupción (Ruiz Gallardón, Mato, Arias Cañete, y Wert, Soria), ni la razonable reprobación solicitada para Fdez Díaz en varios capítulos, han merecidodo la autocrítica del registrador de la propiedad ¿en excedencia?

Hay otros aspectos, si cabe más siniestros aun, en los que la ciudadanía parece no reparar. Tienen que ver con la acción y omisión del llamado bloque constitucional, apenas empeñado en ejercer, con el conjunto del Congreso, el obligado control del gobierno en funciones. La ciudadanía ha tenido que ver como un gobierno, desautorizado en las urnas, ha desoido la voz popular recién consultada con argucias despreciables. Otra falacia más es amenazar cual catástrofe con terceras elecciones. En ellas, el desahuciado gobierno PP apoyado en su fiel electorado neofranquista y en el hastío o el miedo de quienes no lo votan, espera mejorar resultados. Causa, con la complicidad de quienes consienten tal sinsentido,el mayor desprestigio de la propia democracia. Parece como si la indolencia del denostado Rajoy formara parte de un siniestro y fatal plan para el conjunto de súbditos y súbditas. Ante tal contingencia, va siendo hora de que, ni episodios mal digeridos de nuestra historia, ni el endiosamiento de pasados líderes, ni las presiones del poder y sus medios, sometan el criterio de nuestra razón y autonomía personal y de pueblo. Por todo ello, no alcanzo a comprender la honradez intelectual de quienes perseveran recreándose en el trágala de Rajoy.