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LOS MITOS DE LA FELICIDAD

“Yo sólo deseo para mis hijos que sean felices” ¿Cuántas veces no hemos oído esta frase en boca de algunos  bien intencionados padres?

Son muchos los mitos que nuestra sociedad occidental ha creado en torno a la felicidad; uno de ellos radica en su origen. ¿Se nace con la facilidad genética para ser feliz o es el ambiente, la educación, quién nos enseña cómo serlo? Para muchas personas que dicen ser infelices la mayor parte del tiempo, la genética es la excusa perfecta y así, no hay que esforzarse,  podrán recrearse en su malestar y ver el mundo de color negro sin hacer nada para cambiarlo. Pues, parece ser que la genética influye en la misma proporción que la educación y el ambiente en el que uno ha nacido y se desarrolla, según averiguó David Lykken, profesor de Psicología de la Universidad de Minnesota, en la década de 1990; luego, se desmitifica el mito de la felicidad genética; quién no hace nada por dejar de ser infeliz es, en la mayoría de los casos, por vagancia o comodidad.

Otro mito muy extendido es el que dice qué “el dinero no hace la felicidad”. Yo bromeo con los amigos cuando dicen que si les tocaran tropecientos millones a la lotería no sabrían qué hacer con tanto y qué, probablemente ya no serían tan felices. “Quédate con lo que creas que te hará feliz y el resto dámelo, que yo si sé qué hacer con tanto dinero, y seguro que la felicidad formará parte de mi vida”. En serio, los estudios de Sonja Lyubomirsky, profesora de Psicología de la Universidad de California y de otros Sociólogos actuales afirman que aunque solo sea por su calidad de vida, las personas que viven por encima del umbral de pobreza son ya más felices que las que tienen que luchar por sobrevivir; parece ser que el dinero no da la felicidad, siempre y cuando tengamos suficiente para atender nuestras necesidades básicas. Si no tenemos para pagar la hipoteca, la luz, el agua, o llenar el frigorífico, el dinero sí daría la tranquilidad necesaria para poder vivir con más satisfacción. Decía Woody Allen: “El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida que se necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”

Un tercer mito extendido y perjudicial, descrito por la misma autora, es la creencia “no seré feliz si…”. Es decir, supeditar nuestro bienestar interior a que no sucedan acontecimientos negativos. “Cuando sufrimos un cambio de fortuna adverso, nuestra reacción suele ser sobredimensionada”, afirma Lyubomirsky. “Entonces nos parece que no podremos volver a ser felices, y que la vida que conocemos se ha acabado ya”; por ejemplo cuando nos abandona nuestra pareja o cuando fallece un progenitor, o perdemos el empleo. En estos casos, el organismo humano viene preparado para aceptar con naturalidad los altibajos de la existencia, tras el correspondiente momento de aceptación de la realidad.

No obstante, de todos, considero que el mito más extendido en relación al tema es el de la felicidad en sí misma: “Tengo que ser feliz siempre”, esa búsqueda absurda de la felicidad que nuestra sociedad nos ha inculcado para qué siempre estemos en un constante estado de infelicidad, haciéndonos personas frustradas porque hay hechos inevitables que te harán infeliz, débiles emocionales, niños a los que no se educa para saber gestionar sus emociones, y estemos consumiendo productos, incluso drogas, continuamente, creyendo que así seremos felices, aumentando al tiempo nuestra insatisfacción.

No siempre se puede ser o estar feliz. No siempre se debe estar o ser feliz. A veces nos enfrentamos a situaciones adversas y como tales debemos afrontarlas. Ante la pérdida es necesario el duelo. Nos dicen los neurocientíficos que la clave es aprender y enseñar a gestionar bien las situaciones y las emociones para conseguir un estado de equilibrio que es el único que puede conducirnos a estados de Felicidad con mayúsculas. Así que, yo no quiero que mis hijas sean siempre felices (lo es el que está drogado todo el día, o quién no tiene una capacidad intelectual suficiente para juzgar o sentir la vida) “yo sólo deseo para mis hijas que sepan gestionar sus vidas, sus emociones y sentimientos y, con ello, su Felicidad”.

 

1 Comentario

  1. Para mí la felicidad es como un gran edificio hecho con ladrillos de vivencias inolvidables. Pequeños y cortos momentos en que hemos sido y seguimos siendo felices. Ni dinero, ni posición, ni reconocimiento social, porque todo es efímero. quizá en nuestro concepto de felicidad no haya estado nunca la capacidad de la contemplación. Ama, toca, lee, huele, extasiarte con la sonrisa de un niño, acariciar tu perro fiel, entregarte a cualquier faceta del arte, la que más te guste, volcar tu vida en los demás… Eso es para mí la felicidad.
    Un artículo para meditarlo muy despacio. Me gusta Sr. Ad. Saludos

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