La ciudadanía ha votado y ésta es la democracia y realidad que tenemos: los resultados (y el relato ¿también corrupto? sobre la corrupción que en conjunto nos hemos dado) han superado la queja común. Ahora, con nuestro escaso pan y con más rigurosa autocrítica general nos lo comamos.

Desde nuestra ciudad, con penurias y rutinas persistentes, hasta la ¿Unión? Europea, con sus brexit-refugiados-huelgas francesas-fútbol,TTIP-.. podemos intuir una realidad de la que ¿queremos? ver. Son muchos, aunque insuficientes, interrogantes-creo yo-a plantearnos con rigor y generosa ética personales y colectivos. Por mucho que cada quien, en este sálvese quien pueda, nos refugiemos en: nuestras medias verdades interesadas, uniones más retóricas que reales, querencias de grupo, o desesperanzas y miedos que paralizan,… seguiremos en las mismas: La regeneración que no acaba de llegar y la realidad indeseable (corrupta, pobre y sonrojante) que no somos capaces de dejar atrás.

La unidad, que tanto se invoca de palabra y que tanto se maltrata de hecho, requiere en este momento una atención central en toda persona y contexto. Dejando de lado la unidad patriótica de quienes, además de con muchas banderas, las practican en Suiza o Panamá, conviene hacerlo por lo más próximo: Unidos Podemos, ese instrumento necesario que no acaba de funcionar.

Sí, a pesar de los acostumbrados peligros que la maledicencia corruptora infligirá, entiendo más conveniente una autocrítica sincera. La retórica que la oculta nos acerca más al discurso que confunde y maniata la convivencia. Una jerga e imagen de centralidad o transversalismo divide más que une con las carencias para el diálogo sincero con esa gran mayoría damnificada.

Este sinfín electoral trastoca y posterga tareas de dicho diálogo desde abajo. Los conflictos resultan inocultables en la localidad, y así desdicen los deseos y proclamas de unidad sentida de manera y necesidad desiguales. Reaparecen conocidas rémoras que no acaban de compensar los nuevos entusiasmos. Otro tanto ocurre en ámbitos provinciales donde, por las urgencias, surgen “aparatos” que dejan en el camino aspiraciones y a parte de quienes discrepan de esta deriva cegata. Pese a esas limitaciones, se mantiene el sacrificio y esfuerzo en gran parte altruístas y callados. De la autocrítica, visión general.

Política y ciudadanía. Cada vez que se convocan elecciones, gran parte de la ciudadanía parece desaprovechar la ocasión de expresar sus quejas habituales donde corresponde. Aquello de todos los políticos son iguales o sólo van a lo suyo y otras generalizaciones (como casi todas injustas) por el estilo, quedan en evidencia en cada comicio quienes de tal manera se expresan. Aparte de que en política, como en cada actividad, cada cual actúa según su conciencia (mientras la conserve) se se atropella el crédito y el respeto de quienes no se han estrenado en responsabilidad pública alguna. En otra ocasión valdría aquel refrán de piensa el ladrón que todos son de su condición. En otras, cabe preguntarse cómo ejerce su convivencia quien de manera tan desenfadada. No está tan claro que al votar, más allá del deber cívico, no haya alguna motivación menos presentable. Alguna razón ha de haber para que los abundantes denuestos en la barra del bar en contra determinados gobernantes no tengan el esperable reflejo en las urnas. Hay sospechosos encogimientos de hombros en los mencionados ambientes cuando se le rezonga : alguien los habrá votado una vez tras otras pese a las tropelías cometidas. En consecuencia habrá que admitir que cada pueblo tiene el gobierno que se merece.Tanto por lo que en conjunto se llega a disfrutar en el modelo educativo, la libertad e información y desarrollo cultural, cada país alcanza una convivencia democrática más o menos loable y con menos impunidad para los abusos.

La supervivencia, más comprensible en quienes la sufren muy de cerca, se confunde en su relación variada con el clientelísmo y la manipulación que irradia el poder económico y mediático, sigue campando a sus anchas. Sin embargo, a partir del estado social que asegure unos derechos mínimos económicos y culturales tales estigmas (clientelismo y manipulación) van disminuyendo. Aquí se celebran elecciones que mantienen la impunidad para quienes cometen o amparan desde gobiernos o el parlamentos (por acción u omisión) la manipulación social, la corrupción y delitos varios que dejan mal parada la democracia.

Pese a lo que pueda pensarse, lo que era delictivo hasta el 26J lo sigue siendo después. Hitler ganó elecciones en una Alemania que hoy lo denosta.