Hace tiempo oí esto de alguien, que se me quedó grabado para siempre: “Cultura es el poso que nos queda después de olvidar todo lo que hemos aprendido”

Lástima que la Ilustración no pasase por España siquiera tangencialmente, no obstante de tener tan magníficos escritores y poetas en las generaciones del 98 y del 27, e incluso y por supuestísimo todos aquellos anteriores y posteriores al Siglo de Oro Español pero por aquí no pasaron Locke, Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Descartes, Hume … por desgracia no pasaron; hubiesen sido un magnífico complemento de ese Siglo de las Luces.

Me dicen muy poco las definiciones de diccionario acerca del significado de la palabra cultura. Y en este sentido, porque las buenas obras para con nuestros semejantes son consecuencia de la cultura, Teresa de Ávila dijo en esa maravillosa obra titulada Las Moradas: “Quien obra puede equivocarse, pero quien no hace nada, ya está equivocado” Y yo añadiría…muerto, enterrado en vida. Un refrán popular reza así: “Quien dice la verdad, ni peca ni miente”.

La inteligencia, elemento esencial de la cultura, tiene sus límites; la ignorancia puede ser superada, pero la estupidez no, jamás se puede superar cuando el estúpido no está por la labor de crecer en humanidad.

El valor de la vida para el ser humano debiera ser lo visible, no lo invisible. Y lo visible se convierte en actos de bondad para con los demás por el contrario de algunas creencias que a veces nos atenazan, nos inmovilizan y por desgracia son convertidas en piedras que se lanzan contra los demás. Hay gente que engulle libros enteros en 48 horas, uno tras otro y este humilde escribidor se plantea de qué le han valido; siguen actuando con el mismo vacio personal de siempre, porque luego lo leído. lo regurgitan, lo vomitan, incapaces de digerir las ideas.

Me dijo mi Amigo Enrique Valdivia: Lo que verdaderamente nos hace cultos es la implementación práctica de los valores que rezuman los escritos y nos hacen humanos. No se trata de “aprender por”, sino de “aprender para…”

La cultura es esperanza, confianza, empatía; es ausencia de prejuicios que etiquetan y marcan a los demás sin conocerlos.
Decía Montesquieu: “Me sentiría el más feliz de los mortales si pudiese hacer que los hombres pudieran curarse de los prejuicios”

Porque educar, y por ende, invitar a una persona a la cultura, no es enseñarle algo que no sabía, sino lograr que se convierta en alguien que no existía; que esa persona sea alguien nuevo. Sólo desde la cultura y la información veraz y contrastable es posible la crítica, porque entonces es cuando se ven cosas aparentemente imposibles de ver. Ya la actitud de escuchar y leer reflexivamente, hace que nos ocupemos de algo realmente útil. Es necesario desarrollar la actitud del saber y querer escuchar y eso junto con los libros cuyos autores entre otros cito con anterioridad, es cultura. Todo lo que sea lanzarnos al espacio sideral del crecimiento, de la evolución como seres humanos, tiene como combustible la cultura.

Leyendo, releyendo, aunque sea un pequeño opúsculo, subrayando líneas, frases, apuntando en sus márgenes todo aquello que nos sugiere ese libro, es en definitiva cultura, porque el que no sabe de nada, nunca duda de nada, aferrándose a su “no saber” a veces intencionadamente dañino.

Y las culturas jamás pueden ser o convertirse en hechos diferenciales excluidores. Sentidos identitarios absolutistas de uno u otro signo, sino al contrario… Han de ser integradoras de nuestras realidades existenciales más profundas. Diferencias que acerquen, que unan, que nunca separen, que nunca rechacen ni marginen, que enriquezcan mutuamente.

Pero tampoco se puede prohibir a los pueblos su derecho a expresarse, porque no se debe obligar a alguien que no quiera estar a nuestro lado, a tenerlo atado junto a nosotros y saben a qué me refiero. Por eso las culturas no pueden ser simbolizadas “exclusivamente” por objetos, por enseñas, por banderas, que sólo tienen el valor que quiera dárseles. Porque la única bandera, objeto, enseña, somos los ciudadanos, es la Humanidad.

Pero esta Humanidad, no se soporta a sí misma y ahora me vienen a la memoria las últimas estrofas de un poema que necesitarían ser grabadas en nuestras mentes y no olvidarlas para que sepamos quienes somos, qué somos, hacia donde nos dirigimos:
¿Qué tendrá la humanidad
de fanática y de ciega?
¿Qué tendrá la humanidad
que lo humano no tolera?
(Del grupo poético linarense “Rima 2”. Enrique J Valdivia- Carmen Sampedro)

Y desde estas líneas, mi humilde y sincera felicitación a estas dos personas. Gran poeta, gran poetisa, que hacen que en la gente sensible, vibre nuestro ser con sus composiciones.

Y por supuesto, amigo Enrique, me congratulo por el premio de poesía que has obtenido. Ahora Carmen, te toca a ti… eres más que capaz. Sea todo mi respeto y admiración hacia vosotros.