Aunque la gris alondra no entone
su arrullo dulce, de miel y trigo,
al amanecer cantan las madres
su trino…
Pasó por fin la seca tormenta,
y la ansiada armonía reemplaza
lánguidamente, al torbellino.
El polvo que atora las gargantas
y el brocal del pozo, azabache
se disuelve en el té beduino:
«El primer vaso, amargo como la vida”
Amapolas con tallo de zapa,
esculpen el tronco de un olivo,
imantado y solitario…que
sigue en pie casi por capricho,
sesgo sobre dunas movedizas…
Tras adobes y toldos de lino,
corretea un grupo de niñas;
(las que aún no van a la escuela,
con las que por no ir, se han escondido…)
Los que ya no corren,
como antaño,
entre las piedras, son los ríos;
dibujados,
de hueco
y aire,
sobre cauces de tiza, vacíos…
Descarnados de agua,
se usan ahora, como caminos…
Decenas de tuareg extenuados,
-pacientes, como el Moisés bíblico,
hartos, sí, de rugir en el desierto
la orfandad fría de su destino-,
rascan la angostura de un muro infame,
que devuelve su eco
enronquecido…
Atroces minas,
frenan el delirio comprimido
entre sanguinarias alambradas,
mientras los turbantes otean el horizonte,
implorando postrados, la dádiva
del codiciado llanto cristalino,
incoloro,
inodoro
e insípido…
“El segundo vaso, dulce como el amor”
Raigones de maleza con avisperos,
carcomidos por el calor,
de enero…,
dormitan entre los ejes
de los camiones vacíos;
sin color en sus cruces rojas…
sin pan, en sus carcasas de olvido…
Desazona…
Desazona la necedad de los gobernantes del mundo,
que inermes para disimular su escarnio,
esconden su culpa en los escaños
y esperan vehementes, el instante,
de votar lo mismo y lo contrario…
A esa hora, entre el lodo,
restos humillados de escorbuto
buscan oro,
en el fondo de los osarios…
“El tercer vaso, suave como la muerte.»
Los otros,
recostados en los grandes salones
de New York y Ginebra,
Bourbon beben
con estrépito de carcajadas;
y simultáneamente,
los que respiran heridos en torno al pozo
mascullan, entre dientes:
“Hasta los ebrios nos hacen fiesta con sus coros…”
…Continúan en la trampa…
Abandonados a su suerte…
ENRIQUE JAVIER VALDIVIA OCÓN










Estremecedor, queridos amigos. Pero después de oír vuestras voces, leer vuestro poema, me viene a la cabeza la siguiente pregunta : ¿Cuantas personas se sentirán tocadas por este poema? Se me han quedado grabados a fuego los últimos versos de aquel que titulasteis «Deshumanidad»
«¿Qué tendrá la humanidad
de fanática y de ciega?
¿Qué tendrá la humanidad
que lo humano no tolera?»)
Aunque haciendo una apuesta por el ser humano, creo que este poema tocara muchas conciencias. Que así sea.
Lo mandaremos por whatsapp a todo nuestros amigos.
Gracias por vuestros poemas y a seguir escribiendo. Un ABRAZO AMIGOS