¡Ay!¿Dónde tu canto dulce, ahora
que no hay paloma que te acaricie?
¿Dónde el verso y la melodía triste,
retoños de tu vientre de caoba?
¿Dónde el beso y la tarde soñadora
que entre tus trastes siempre escondiste?
¿Dónde tu amor, tu abrazo imperceptible
entre mágicos murmullos de notas?
¡Ay, mi guitarra ocre, de cuerdas yertas,
que yace firme entre cojines albos,
entre lino y sedas que la conservan;
y hace siglos que espera en vano
un soplo de nostalgia en sus cuerdas…!
¡Ay,!¡Si quisiera Dios que una mano…!
¡Ay!…¡Si quisiera Dios que la oyeran…!









Un soneto con estrambote… Poema de juventud que permanecía dormido en un viejo cuaderno esperando hacerse voz… Linares28 lo pone donde debe estar: entre la gente que ama y disfruta de la poesía… Gracias Jordi por tu generosidad…
Precioso Enrique. Ternura y añoranza infinitas destilan este poema. Me retrotraen a los tiempos en que yo podía tocarla y emocionarme con la música que mis dedos arrancaban de su vientre, de su alma, porque la guitarra tiene alma, espíritu y una inmensa calidez al oido. Cuando la tocaba, mi perro Eolo, se sentaba frente a mí… y a su modo el animal cantaba. Me he emocionado al recordar.
Precioso de verdad. Enhorabuena.