Una amiga me ha sugerido que en este intermedio en el que seguimos rizando el rizo y no se sabe, ni se hace,  nada de nada porque todo está en funciones, me ponga a hablar de los realitys que pone la televisión y que “nadie ve”. Es verdad, nadie dice que ve ni Sálvame, ni Gran Hermano VIP ni los próximos Supervivientes, y de otros no hablo porque me ataco,  pero en realidad todos sabemos lo que son. Yo los veo intermitentemente desintoxicándome con Pasa Palabra y  Saber y Ganar, que algo se aprende, y porque los considero un poco más serios porque otros programas de preguntas y respuestas son una vergüenza por la incultura que se demuestra. Yo les digo que prefiero ver Gran Hermano que asistir a la ignorancia supina de jóvenes ignorantes, no les suena ni lo más mínimo. La ignorancia sí que me retira inmediatamente a punto de darme algo, de verdad.

Es muy curioso observar que casi nadie habla de la Televisión  que ve, ahora se comparte con el móvil que no puedo imaginarme una sobremesa diurna o nocturna sin él cerca. La verdad es que el móvil nos ha invadido y es un buen invento, increíble invento. Pero bueno, yo había dicho, a cara descubierta,  que suelo ver los realitys, aunque de vez en cuando me paso a las series o a quedarme traspuesta. Son sus horas.

Pues me gusta verlos porque lo considero un microcosmos donde hay gente de todas clases y condiciones y se comportan como nos comportaríamos cualquiera de nosotros, por eso no creo que deberíamos demonizarlos, al fin y al cabo así somos todos, tenemos nuestras neuras, el dinero que cobran les hace venderse por todo, hasta la intimidad que es lo más privado que tenemos y no sé si lo entiendo. Pero no los puedo criticar porque  no puedo imaginarme a mí misma en un sitio de esos, encerrada durante horas o días, soportando a quienes no me caen bien, mostrarme sacada de mis casillas, peleándome o mostrando preferencias, siendo tranquila sin dar “juego”… aunque seguro que sería así, porque desde que el mundo es mundo todos somos iguales, ha cambiado la máscara, no el interior.

 Ahora que ha pasado la Semana Santa todavía recuerdo que  la gente se mostraba consternada por el sufrimiento, la traición, la negación, la hipocresía, la maldad,  los intereses, la ignorancia y hasta la bondad de aquel tiempo de Jesús de Nazaret.  Parece que sólo lo hacían los judíos y que la manera salvaje de torturar de los romanos era cosa de aquel tiempo. Pues no, ahora hacemos lo mismo, el ser humano de ahora sólo tiene que mirarse a sí mismo y a los que le rodean para ver que somos iguales y ejemplos tenemos con la intransigencia de los políticos, la deshumanización con los refugiados, la indiferencia con los pobres y parados, el tratamiento de las mujeres y los desfavorecidos. Y tantas cosas.

Es difícil  sustraerse a la desazón que nos produce la vida fuera, como ver a una dirigente del FMI toda atildada y bien alimentada, que se atreve a decir que hay que seguir bajando los sueldos. Es difícil sustraerse a las continuas detenciones y descubrimientos en Panamá o en cualquier otro paraíso fiscal. Dicen que en Noruega las cárceles están vacías y no creo que tardemos mucho en alquilarles celdas y al menos dejar de ver tanto corrupto con cara de patata. . ¡Qué vida tan difícil nos está costando ver! Nunca hubiera podido imaginar cuánto.

A lo mejor es signo de estos tiempos que aparte de hacer negocio, las televisiones promueven estos espectáculos y realitys para evitarnos la vergüenza de lo que hay fuera.  Porque no sé cuál de ellas nos sería más insoportable.