«Descendimiento y Penas» llenan las calles de sobriedad y elegancia

Con la Expiración en la calle, el ambiente cofrade invitaba a vivir y disfrutar, intensamente, de la estación de penitencia de la Ilustre Hermandad y Cofradía del Sagrado Descendimiento de Nuestro Señor y María Santísima de las Penas. La parroquia de Santa Bárbara abría sus puertas y, de su interior, comenzaba a desfilar, pasadas las cinco y media de la tarde, los tramos de nazarenos que integraban este desfile procesional, el cual aportó ese corte fúnebre tan propio que forma parte de su carácter y esencia. Con paso firme, “El Descendimiento” recorrió los diferentes puntos de itinerario, modificado este año para ampliarlo.

Bellos momentos dejó el Descendimiento por el casco urbano linarense, donde se concentraron multitud de personas para presenciar su paso serio y solemne, siempre de frente, tanto en el misterio como en el Calvario de las Penas. La cofradía salía, desde su barrio, al encuentro de la zona más céntrica de la ciudad, donde la esperaba la Carrera Oficial, la prolongación de Argüelles y su caminar bordeando la emblemática Plaza de Toros de Santa Margarita, el Paseo de Linarejos, la Cruz o la cuesta de San Pedro, entre otros puntos.

El recogimiento abrazó, en todo momento, la estación de penitencia de esta hermandad, la segunda en salir en la tarde-noche del Viernes Santo. Así, el paso de misterio, portado por sus 54 costaleros, caminó firme y sereno para llevar el majestuoso conjunto escultórico de Víctor de los Ríos hasta el pueblo linarense, siempre bajo los sones de las marchas de la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestra Señora de las Penas de Úbeda.

Y caminando con suma tristeza y dolor, María Santísima de las Penas, que mostraba con su bello rostro su profundo sentimiento de tormento y resignación. La Dolorosa lució radiante sobre su Calvario, tras el proceso de reparación que se le realizó hace unos meses por el imaginero jiennense Mario Castellano. Y su fiel y valiente cuadrilla de costaleras llevó a la Señora llenas de devoción y de recuerdos, teniendo presente, en todo momento, a la que será, eternamente, costalera de honor de las Penas, Rocío Ceacero Heras.

La cofradía de Jesús descendido de la Cruz celebró su cortejo penitencial sin inconvenientes, bajo el acompañamiento del amplio repertorio de marchas clásicas de la Banda de Cabecera y el luto que aportó el numeroso tercio de mantillas de María Santísimas de las Penas, uno de los colectivos más multitudinarios y de mayor tradición de la hermandad que dirige el joven cofrade linarense Rubén Rodríguez.

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