Todavía discurren los últimos coletazos del mes de marzo que conmemoramos no sólo el día, sino el mes de las mujeres, de la lucha por la igualdad de las mujeres, en el que no buscamos celebraciones sino la justicia.

Estamos en crisis, lo pasamos mal, todos, hombres y mujeres, pero las mujeres tenemos un plus que se  deja bien claro en la inolvidable película “el color púrpura”: “Soy negra, soy pobre, y hasta pué que fea, pero gracias a Dios estoy aquí”. Pues eso, estamos aquí.

Aparte de la unidad y el trabajo del Consejo Local y de las Asociaciones de Mujeres desgranando actividades creativas y de concienciación de la desigualdad, la Concejalía de Igualdad  ha hecho lo propio organizando dos cine fórums con dos películas emblemáticas en este tiempo: “Sufragistas” y “Techo y Comida”. Estaba abierta a todos y todas pero en la primera, la presencia masculina era casi testimonial. En la segunda ya había más hombres, quizá porque la actriz era Natalia de Molina, nuestra paisana que ganó un Goya a la mejor actriz. Y la verdad es que me pareció una buena actriz. Yo sólo digo que pronto las mujeres, bueno de siempre, no van a poder compartir con sus parejas lo que han visto y aprendido en cada momento. Sólo digo que todos y todas debemos crecer a la vez.

Han sido dos películas duras, todas las luchas de las mujeres son duras. En Sufragistas se trataba de las luchas activas de las feministas inglesas para conseguir el derecho al voto. Se manifestaban sus precarios trabajos, no ser tenidas en cuenta para nada, sus estancias en prisiones, el desposeerlas de sus hijos e hijas y todo en un ambiente sórdido del que ellas luchaban por salir. Hasta murió una poniéndose delante de los caballos en un Derby inglés. ¿Qué pasó al final? Que después de muchas luchas se las amnistió para que sustituyeran a los hombres en las fábricas mientras ellos iban a la Primera Guerra Mundial. Al final, como contraprestación se les concedió el voto. Claro que cuando ellos volvieron recuperaron sus trabajos y ellas vuelta a casa. Pero a las fábricas no les pasó nada y ellas habían aprendido. Sirvieron para ello.  Buena lección de historia. Pero ya no había marcha atrás.

En techo y Comida se narra la vida de una mujer joven, sola y con un hijo. Sin dinero, sin nada. Intentando trabajar y salir adelante con una dignidad que no tenemos que inventarnos. Es lo que pasa ahora y pone el dedo en la llaga de la necesidad de ayudarlas a salir, cosa que la Concejalía de Igualdad y las Asociaciones de Mujeres procuran y se ayuda bastante en la realidad del día a día. Al final se queda sin luz, sin agua, sin nada y la echan de la casa. Me pareció dignísimo como recogió sus pocas pertenencias y al amanecer abandonó con su hijo el techo y la ciudad. La película no se detiene en reivindicaciones ni manifestaciones antidesahucios. Nadie pudo hacer leña del árbol caído. Esa mujer saldría adelante si encuentra otras mujeres que la van a arropar y a levantar. Eso hacemos unas con otras. Querríamos hacer más y ser más. Y lo conseguiremos.