Casi al final del viaje,
cuando aún no te hayas ido,
cuando espante mis miedos
a golpes de abanico,
cuando rompa la nostalgia
al son de aire y olvido…
Cuando espute la insidia
mal nutrida del destino,
que estrangula mi conciencia
de ateo descreído…
Cuando apague las candelas
de odio derretido,
que titilan macilentas
en la alcoba de mi ombligo…
Cuando rompa las cadenas
de la cárcel donde vivo,
cuando deje de ser hombre
y empiece a ser más niño…
Cuando triunfe la razón
sobre el ser más primitivo.
Cuando extirpe de mi sien
los conceptos relativos,
y adquiera las certezas
que engalanan al ser vivo.
Cuando el temple del osado
apacigüe mis sentidos…
Quizá entonces, ya me pueda
alejar de estos abismos
que me matan y consumen
cual ácido corrosivo…
Casi al final del todo…
-cuando el verbo haya sido-,
cuando se rindan los sueños
donde duermen los designios,
y los pétalos de espuma
de tu alma, y los míos,
se digan, por fin, adiós
y se despidan con mimo…
Al final del viaje, sí…
Cuando se acabe el camino,
cuando se junten las manos
en el último solsticio
y se abracen los versos
como tallos retorcidos…
¡Ay, mi amor…! ¡Si tú me dejas…!
Yo, me quedaré contigo…
¡Sí, mi amor…! ¡Si Dios nos deja…!
Volveremos al Principio…







Poema galardonado con el primer premio de poesía en el II Certamen de Poesía y relato corto Espejos de agua 2012 convocado por la Asociación Manantial.
Aliento de despedida, nos invita a iniciar ese vuelo tan necesario para contemplar desde la altura del alma, nuestra propia naturaleza, el ser en el otro y el devenir de la existencia…