El 16 de febrero de 2011, la fábrica automovilística Santana Motor S.A. cesó definitivamente su actividad. El cierre dejó sin empleo a 1.341 trabajadores, sumiendo a Linares en una crisis social y económica todavía presente.

Han pasado cinco años y la situación económica de la ciudad no ha mejorado. Un 43,61% de los ciudadanos en edad de trabajar se encuentran en paro. Más del doble que la media española, que en el tercer trimestre de 2015 se situaba en el 21,18%. Traducido en cifras absolutas: se necesitan  al menos 10.000 nuevos puestos de trabajo para que el municipio se equipare a la media nacional. Entre la juventud,  la situación es aún más crítica. Siete de cada 10 personas de entre 18 y 25 años se encuentran desempleadas. A día de hoy, se estima que 5.300 jóvenes buscan trabajo en Linares.

Para que la localidad pueda recuperarse del cierre de Santana, resultará imprescindible focalizar su actividad económica en el sector terciario. Los intentos fallidos de implementar una reconversión industrial, llevados a cabo tanto por el Ayuntamiento como por la Junta de Andalucía, ambos gobernados por el PSOE, manifiestan que no es posible relanzar la industria pesada a corto plazo. Valga como ejemplo el reciente fracaso del Plan Linares Futuro, ideado hace una década para crear nuevas empresas y reutilizar las instalaciones del parque empresarial de Santana.

Tras el hundimiento del sector secundario, la única solución viable a corto y medio plazo pasa por elaborar un Plan de Desarrollo Urbano y de Ordenación del Territorio que permita asentar nuevos negocios, reforzar el turismo y fomentar la actividad cultural y universitaria.

Linares disfruta del privilegio de contar con un patrimonio histórico y arquitectónico exclusivo, como el distrito minero, edificado en el siglo XIX, o el yacimiento íbero-romano de Cástulo. Las autoridades locales deberían, por tanto, esforzarse en atraer estudiantes e investigadores para que puedan completar su formación académica mediante expediciones arqueológicas en uno y otro lugar. Y aprovechando el interés cultural de los mismos emplazamientos, también se podrían diseñar rutas turísticas para consolidar el turismo monumental de interior, esencial en la economía de otras localidades aledañas, como Úbeda y Baeza.

Otra posible alternativa para hacer despegar al sector terciario consiste en fomentar la práctica y la difusión del ajedrez, deporte que otorgó a la ciudad de Linares una fama considerable. Si la organización y difusión de eventos fuera llevada a cabo por actores de la sociedad civil como asociaciones, peñas o centros educativos, el gasto municipal sería mínimo, mientras que el evento podría obtener un más que notable impacto mediático. No olvidemos que el prestigioso Torneo Internacional de Ajedrez de Linares sigue muy presente en la memoria de los aficionados a este deporte.

Más a largo plazo, con las arcas saneadas, convendrá establecer una reducción en los impuestos municipales a los autónomos,  con objeto de favorecer el emprendimiento y la empleabilidad en pequeñas y medianas empresas, imprescindibles en todo municipio que aspire a consolidar su sector terciario.

La Historia demuestra que apostar por el sector servicios y la juventud nunca fue una opción sencilla, pero siempre se acaba revelando como la más acertada. Ya es hora de que la ciudad de Linares se atreva a dar ese paso.