Ambas palabras me las vengo tropezando unidas con  inexorablemente frecuencia en mis lecturas, vivencias y reflexiones. Como quiera que la cuestión es importante y puede dar luz a mis  tareas y abundantes pos-ocupaciones de trabajador jubilado pero inquieto, heme aquí tratando de mezclar lo rumiado en esos tres ámbitos por si sirviera de algo.

            Chavs.La demonización de la clases obrera de Owen Jones (Ed. Capitán Swing) es el segundo libro que leo en lo que va de año sobre las causas y el quebranto social, personal y familiar que la crisis neoliberal ha infligido a dicha clase. Éste refiere lo sucedido en la Gran Bretaña a partir de gobierno de la señora Thacher. El anterior, Globalización y Trabajo, como su título indica aborda una perspectiva  geográficamente más amplia. Sin embargo, ambos textos se complementan  acertadamente en otros aspectos. Ambos libros, prestados por colegas, requieren  más atención que dedicaré   una vez que  los pueda subrayar y anotar como propios.

            En cuanto a las vivencias hay dos especialmente significativas relacionadas con el tema que nos ocupa. La primera tiene que ver con la movilización más importante habida en todo el estado en los últimos años. Me estoy refiriendo a las llamadas “Marchas por la Dignidad” que en Marzo de 2.014  hicimos miles y miles de personas desde muchos lugares de España para denunciar tanto paro y pobreza en Madrid el 22 de dicho mes. Aparte de las emociones que cada cual  guarde para sí, entiendo como destacable la coordinacción y el acuerdo afable con la gente sencilla recibía con amable hospitalidad a las marchas por cada localidad. Pese al reflejo desigual en los medios, éstos mismos fueron testigos de un hecho clarificador: el día 20 cuando Rajoy recibió, por primera vez tras dos años en el gobierno, a Méndez y Toxo, los máximos dirigentes de CCOO y UGT, que como tales confederaciones no apoyaban esta gran movilización. Pese a dicha ausencia y a la muy discutible actuación de los antidisturbios precipitando la conclusión de la misma, la asistencia fue de tal magnitud que se obviaron fotografías aéreas y valoraciones de la pacífica concurrencia. Por contra se magnificaron los altercados de dudoso origen. De alguna manera, entre la confusión inducida por la información sesgada y la tardanza en analizar por estos lares la movilización, la misma no se percibió en su justa valía. Una cuestión que quedó clara y así lo hicmos ver en varios ámbitos era la inadaptación del bisindicalismo a una situación de menor y muy precario empleo. Aparte de las hipotecas que les obligó a acudir a La Moncloa en tan vergonzosa ocasión, quedó claro que tienen poco que ofrecer y bastante que esconder a quienes sufren la crisis con mayor crudeza.

            Una segunda vivencia tiene mucho que ver con la demonización de la clase trabajadora de la que escribe Owen. En una de mis pocas colaboraciones más comprometidas con STOP Desahucios, tuve que acercarme al drama de una familia afectada. Aunque hace casi dos años de aquello, aún recuerdo el sentido de culpa, vergüenza y fracaso de aquella pareja y los días de inquietud que pasé hasta que, con la ayuda de alguien más experimentado, conseguimos que empezaran a superar su miedo e impotencia. Acercarme a esa situación de huída ante tan adversa realidad. me ha ayudado a comprender algo mejor los estragos de todo tipo que está causando la pobreza y la falta de reacción  proporcionada de las principales víctimas. Desde entonces, no dejo de darle vueltas al asunto del paro, la precariedad y la falta de perspectiva para las siguientes generaciones. Tanto es así, que tal vez convenga pedir disculpas por tantas cavilaciones tristonas en estas páginas.

            Mi última ocasión reseñable tiene que ver con una perseverante y admirable amiga que, tras compartir conmigo y otras personas su situación de desempleo prolongado, ha decidido dar un paso adelante para movilizarse y crear una plataforma. Nos ha pedido ayuda a algún jubilado más y a personas con trabajo precario y en ello estamos por si sirven de algo las experiencias, lecturas y reflexiones arriba detalladas. Parece que los primeros pasos van por buen camino. Ha surgido un hermoso grupo en el que las reticencias y naturales desconfianzas van propiciando el encuentro consigo mismo de cada persona y con los demás. En él ya hay  proyectos colectivos para abordar con cretividad la situación.

            Así que, pese a las disculpas mencionadas más arriba, hoy puedo acabar el presente escrito con el ánimo más alegre y compensado. Siempre resulta satisfactorio el encuentro constructivo.