Dice el refrán que no eres de donde naces, sino de donde paces. Y aunque haya refranes que valen para decir una cosa y otros tantos para  su contraria, si que el asunto merece una reflexión en tiempo de tanto refugiados o migraciones algo menos dramáticas. Como quiera que hay amables lectores que manifiestan sus querencias por nuestra ciudad tomando para sí oficios ya desaparecidos, yo lo haré a mi manera., con otra perspectiva.

            Llegué a Linares en el año setenta y siete, así que llevo aquí más de media vida. En contraste con el desgraciado trasiego de tantas personas de hoy, entonces yo pude elegir mi destino. Venía de un pueblo pequeño y siempre pensé que el mejor escenario para cualquiera podría ser una ciudad no muy grande. La nuestra ofrecía, en aquel tiempo más, lo suficiente de la urbe sin prescindir por completo del calor humano del pueblo. Era una época de ilusión, pues salíamos de la dictadura y nos inventábamos, pese a la crisis industrial que ya asomaba, una convivencia plural en el ambiente acogedor de siempre. Tanto en el vecindario, en el trabajo, en la vida cultural y ciudadana, como en los servicios en general, se cumplieron con creces las expectativas para la familia. Así que, como he venido paciendo tan bien como en cualquier otro lugar dentro de lo que cabe, aquí resido por popia voluntad para lo que se tercie.

            Como queda dicho más abajo, ya venía implicado en la lucha sindical y política. Entre otras funciones, desempeñé brevemente la de concejal, de la que dimití, como primer paso para salir del PSOE y UGT. Pese a alguna insinuación anónima, mi salida tuvo más que ver con empeño altruísta que con el medro personal, como se puede testimoniar.

            Mi natural curiosidad y compromiso con el entorno, me llevó a conocer parte de la realidad y cultura linarenses. Tuve ocasión de sentir en directo la sensación de bajar a las entrañas de la tierra en una de las últimas minas en explotación. Desde entonces, ha continuado mi discreto interés  por cuanto sobre el patrimonio minero impregna  la vida de la ciudad. Entendiendo que el conocimiento del medio es algo obligado para todos, asistí a cuantos actos -frecuentes hacia los ochenta- trataban el asunto. Luego contribuí modestamente a la elaboración de material didáctico para que mi alumnado conociera mejor la realidad social e histórica de su entorno.

            Como el conocimiento lleva al cariño y -si se es  mínimamente sensible- a la preocupación, pronto estuve al día de la crisis que ya he menciondo asomaba a mi llegada. El proceso de desindustrialización, previsto para el país en su conjunto, llegó para dañar de manera especial a nuestra ciudad, cuya industria apenas había logrado compensar el cierre de las minas. En aquel momento fue importante la impactante huelga en Santana Motor, seguida pronto por la deslocalización suceciva (primero a Guarromán y luego fuera de Andalucía) de la fábrica de “las latas”, a la que seguirían bastantes más. El declinar de la vida industrial de Linares quedó algo enmascarado, como en toda España, por la burbuja inmobiliara, es decir por el crecimiento exagerado de la construcción. Sin embargo, el problema de Santana volvió a surgir con tanta o mayor virulencia que en los años setenta. Tras bastantes años con costosos expedientes de empleo  atenuando los despidos y sin encontrar una solución de futuro, llega el cierre. Con  él la solución parcial para quienes estaban en la empresa y las auxiliares, pero con negro porvenir para la gente joven. Tal vez debiera haberse planteado en conjunto una solución con más perspectiva y solidaridad de cara  al futuro del conjunto.

            Se ha tratado de sobrevivir con la construcción y el impulso a los servicios con un censo de población casi estancado en los últimos trienta años ocupando un expandido casco urbano. Situación ésta que no deja de tener repercusión sobre el parque de viviendas y la calidad de ciudad que queremos. Algo que no ha de quedar exclusivamente en manos de quienes nos representan.

            Probablemente con bastante desacierto, he tratado de reflexionar sobre mi condición de linarense y como he tratado y trato de implicarme en la responabilidad compartida que tal significa. Una cosa si tengo claro: prefiero la implicación continuada en la vida social a las declaraciones  grandilocuentes que con frecuencia propenden al aldeanaismo o nacionalismo de todo tipo. Creo que estamos en un tiempo en que, como dicen los ecologistas, conviene pensar el mundial y actuar en lo local. Si así fuera, nos sentiríamos más acogedores y ciudadanos del mundo.