Escuchando en un bar de Linares, una conversación entre dos funcionarios, pensé que el tema del que estaban hablando, “los días propios” me daba pie a un conjunto de reflexiones que me voy a permitir plasmar en este escrito.

Los días propios o “Moscosos” pues fue en el año 1988 estando de Ministro de la Presidencia D. Javier Moscoso, cuando se consagró el derecho para el funcionariado español de seis días vacacionales para dedicarlos para asuntos propios, de ahí lo de “días propios”. Esta ventaja del funcionariado, se redujo en tiempos de crisis, actualmente, no se ha recuperado totalmente en su totalidad, según la administración.

Todo lo que sean ventajas laborales de este o cualquier tipo, es bueno para un conjunto muy importante de españoles, pero sería mucho mejor lo fuese para su totalidad, y no únicamente para estos, que ya tienen innumerables beneficios laborales y sociales, siendo el más importante de todos el que no pueden ser despedidos, si no es por cuestiones de extrema gravedad como meter mano a la Caja.

Los funcionarios, no pueden ser despedidos de su puesto de trabajo bajo ninguno de los conceptos por los que lo son el común de los trabajadores de este país. Ni baja productividad, ni expedientes de regulación de empleo, ni exceso de absentismo laboral. Lo que se dice nada, quien adquiere la condición de funcionario, puede echarse a dormir esperando la jubilación.

Eso en España lamentablemente ocurre, hemos visto en los últimos años multiplicar por cinco el número de funcionarios, cuando en otros colectivos de muy similar característica como Bancos y Cajas se ha producido una reducción a una quinta parte de su capital humano, debido a la aplicación de las nuevas tecnologías, por lo visto entre el funcionariado, brillan por su ausencia. Ciertamente hay grupos de funcionarios que debieran incrementar sus efectivos humanos, pero otros deben drásticamente reducirlos.

Otra cuestión, que se me viene a la cabeza, cuando pienso en los funcionarios, es la corrupción, no concibo un político por si solo corrupto, si no es ayudado o instigado a cometer una acción irregular por un funcionario. Estos dominan la función pública en una forma exhaustiva, mantienen intereses creados y al final los políticos acaban cayendo en sus redes, máxime cuando alcanzan los políticos puestos de alta responsabilidad sin una formación personal adecuada teniendo que ir de la mano del funcionario de turno. Pondré un ejemplo.

En una ciudad cercana a Madrid, de esas que superan el centenar de miles de habitantes, en la legislatura municipal anterior, nuestro concejal lo había sido del Área de Juventud y Deportes, lo hizo muy bien, por ello en la actual lo han nombrado del Área de Urbanismo, como si de un premio se tratase, nuestro amigo el concejal que asume tan graves responsabilidades, tiene 32 años, ha terminado su carrera hace poco, después de muchos años, no la ha ejercido nunca. Se encuentra con que sus interlocutores actuales, son personas ya de edad madura, arquitectos, aparejadores, promotores de obras dueños de parcelas y un etcétera plagado de especuladores, además de los veteranos funcionarios del área asignada. De las decisiones de nuestro amigo concejal, penden una cantidad ingente de intereses. Mi deseo es que salga bien librado, aunque lo veo difícil. Un caso real el de este familiar y amigo mío.

Se me puede decir que hay de todo y ciertamente es así, pero entre los funcionarios hay por desgracia mucha desidia y sinvergonzonería además de falta de control, nadie me lo puede negar.

Desde el celador de hospital o ambulatorio, que no compra papel higiénico en su casa, porque se lo lleva del trabajo, el maestro que llega a la clase y dice a los alumnos que se lean la lección 22 y el se pone a su vez a leer el periódico o hacer crucigramas, o las tres funcionarias de distintas Diputaciones que desplazadas a una capital europea, en una feria de turismo se desplazan a la misma juntas en un taxi desde su hotel, en lugar de en metro, piden un recibo para cada una y así poderlo recobrar, convirtiendo 20 € en 60 € por arte de birlibirloque los cuatro días de duración de la feria. Vamos un conjunto de chuminadas que terminan siendo una gran chuminada aparte una dejadez que acaba repercutiendo en la marcha de la sociedad y lo que es más grave en la juventud del país.

Claro algo tiene mal o hace mal la sociedad, como corregirlo. Apliquemos unas soluciones validas y valientes. En primer lugar, los funcionarios deberían poder ser despedidos o trasladados en función de las necesidades de la sociedad, y en función de otros parámetros como productividad, absentismo o prepotencia ante los ciudadanos. En segundo lugar el funcionariado ha de adquirir protagonismo ante los políticos, no puede ser que cada cuatro años se cambien miles de puestos en este país en función del partido que gane unas elecciones. Como mucho media docena en cada Ministerio por que en los demás deben ser funcionarios. En tercer lugar potenciar una Escuela Superior de Altos Cargos Estatales, tal como existe en la vecina Francia y la creación de un Grado Universitario, que deberían poseer los aspirantes a funcionarios, en cuarto lugar potenciar y actualizar el papel del Tribunal de Cuentas y de sus homólogos autonómicos. ¿Cómo? Creando un cuerpo nacional de auditores que cada tres meses, recibiesen las contabilidades de todas las Entidades Locales, Diputaciones, Autonomías, Ministerios, Empresas Públicas, Embajadas y Consulados, Partidos Políticos y Sindicatos, en definitiva todo organismo por el que pasen dineros públicos. Que en cualquier momento se personasen “in situ” ya sea en el municipio más pequeño, en la empresa de turismo andaluz, en la diputación de Burgos, o en el consulado de Sao Paulo, en las oficinas del Partido Popular de Valencia, comprobando la veracidad de los estados contables en cada momento. A fin de cuentas, el estado obliga a que cualquier empresa caso de sobrepasar la cifra de ventas en seis millones de euros, debe ser auditada. Pues que el Estado se aplique a si mismo esta obligación.

No obstante a lo dicho, que nadie piense que es un escrito que se dirige contra el funcionariado, que por norma general es bueno, pero como todo en la vida mejorable.

Si consiguiésemos esto que no puede ser un objetivo a corto plazo, si no a medio plazo, se pondrían las bases de un estado democrático duradero.

Hay que ver lo que da, reflexionar sobre los “Días Propios” y sin leer a Kant, a Marx o a Chomsky porque ni puñetera falta me hace, para tener algo de sentido común, de lo más necesario en este país, pues andamos muy flojos. Ni que decir tiene que a todos nos falta un pelín del mismo anteponiendo muchas veces nuestro propio interés o el de nuestro grupo, a eso, el sentido común.