El pasado noviembre el director de El País despidió al señor Aguilar, colaborador de ese medio por haber concedido una entrevista el día anterior a The New York Times sobre la censura en España. El señor Caño, parece que tratando de dar la razón a la mencionada información, llamó a  don Miguel Ángel para que no enviara su siguiente artículo. Tan  fulminante cese nos hace reflexionar una vez más sobre los periodistas y la supervivencia de tan digna tarea.

            Para empezar, como bastante más gente, busqué información sobre la tal entevista y asuntos relacionados. “Los medios informativos en España, agobiados por el gobierno y las deudas, han concentrado sus tendencias a favor del ejecutivo”  es uno de los titulares a los que seguían otros como: “La censura ha alcanzado unos niveles similares a los del franquismo”. Además de las declaraciones del señor Aguilar se añaden otras  de periodistas también críticos, como Velázquez Gaztelu, sobre las dificultades para informar de cuestiones como la ley mordaza. Tanto en  éste, como en los demás periódicos, se está precarizando el trabajo de los plumillas con contratos basura y/o la entrada de becarios. La reforma laboral ha entrado en este sector con tanta o más crudeza que en los demás y sin privarse tampoco de recortes de plantilla, llegando a la desaparición de ediciones en papel como Público. Por otro lado, se aprecia una importante disminución de la información rigurosa ( veracidad contrastada,  suceso contextualizado, varias versiones,…) que resultan más costosa, en beneficio de más opinión y/o contenidos basura (churreteo intrascendente, bulo, rumor,.), baratos y de fácil control.

            Cada día está más en entredicho la labor del periodista, entendida ésta como la mediación rigurosa entre la ciudadanía (atendiendo las cuestiones que ésta demandaría) y la auténtica visión de la realidad que condiciona la vida humana. Otra cosa bien distinta es la situación de quienes alquilan su pluma y su credibilidad al mejor postor. Y es que los poderes económicos, políticos o sociales, que controlan los medios informativos privados o públicos, imponen sus dictados coartando el derecho a la información. Hemos hablando de El País, pero podemos encontrar falta de rigor en una portada de ABC  (retoque de la cara de Rajoy tras el puñetazo) o en El Mundo, (sembrando interesadas dudas sobre el 11M), o las ocurrencias de Marhuenda en La Razón. Como quiera que hemos empezado por el periódico global  que parece ser el de mayor proyección y tirada en el exterior, nos puede ilustrar mejor por donde van los tiros. Victorino Ruiz de Azúa es un periodista, que conoce bien El País donde trabajó bastantes años, nos dá su opinión sobre un personaje representativo en la evolución del rotativo: “Juan Luis Cebrián, un importante periodista en el inicio de la transición, se ha convertido en el símbolo del capitalismo de rapiña que se ejerce en este país.” Aclara dicha afirmación el hecho de que este señor, dirigente máximo de PRISA (empresa participada por Liberty y vinculada a Mediaset-Telecinco-La 4 y la SER) decidió en 2.012 el despido de 129 trabajadores de El País. Ello ocurría casi al tiempo que sus propias retribuciones llegaban a superar los diez  millones de euros anuales.

            Esto es lo que ocurre en nuestra maravillosa democracia. En otros lugares, de los que apenas nos llegan noticias, como en Honduras, los periodistas lo tienen infinitamente peor. Según Ricardo Ellner, periodista exiliado en Chile informa que son 58 los comunicadores muertos en su pequeño país (8,7 millones de habitantes)  desde que derrocaron a Manuel Zelaya en 2.009.

            Parece que la cosa no es de ahora ni exclusivamente-ni incluso más grave- por aquí. Ya en el años 2.000 Ryszard Kapuscinski, prestigioso escritor y fotoperiodista polaco, refiriéndose al periodismo, escribió el libro Los cínicos no sirven para este oficio.

            Frente a tanta tribulación, incluida la de no caer en el cinismo de la autocensura, los periodistas han de contar, además de con su propia dignidad con la complicidad de una ciudadanía crítca en defensa de la libertad de todos. Mientras tal llega, hay actitudes y declaraciones significativas como las de Solededad Gallego-Díaz, acreditada periodista. Ella, pese a todo, pide a periodistas y ciudadanos el compromiso crítico con la noticia bien fundamentada. Ante ella, la empresa/poder tendrá más difícil la censura. Con su pasión por la verdad,  recomendaba a jóvenes periodistas : Si te van a matar no te suicides.