Las fronteras contra los pobres, son fronteras contra el Amor.
La Navidad se ha definido como unas fechas entrañables; decimos que estamos contentos porque ha nacido el Niño, y son fechas ideales para olvidar todas la penas, propias y ajenas.
Menuda película de Berlanga, que originalmente se iba a llamar “Siente un pobre a su mesa” pero que la censura, obligó al director a cambiar su título por “Plácido” el nombre del protagonista que tan magníficamente encarna Casen.
“La película surge a partir de una campaña ideada por el franquismo, que bajo el lema «siente un pobre a su mesa», pretendía hacer crecer en el pueblo un sentimiento de “caridad cristiana” hacia los desheredados, pero que, en realidad, y como el director consigue mostrarnos, esconde una manera de limpiar las conciencias burguesas” (sic).
En la película, los ricos invitaban a los pobres; los primeros se comían las pechugas de los pollos y los segundos… las alitas. Bueno, algo era. Casualidades de la vida… Hoy 23 de diciembre en La 2 de TVE, a las 22 horas, emiten precisamente la película “Plácido” de la que hablo.
Pero ahora no podemos ejercer esa Caridad (¡Qué poco me gusta esa palabra!) porque estamos tan ocupados en que no se nos cuelen los pobres moritos y negritos por el Sur, que no damos abasto para ejercer la “Caridad Cristiana” para con nuestros propios pobres. En aquellos años las buenas y cristianas gentes, tenían a sus pobres en nómina.
Ahora la pobreza adquiere múltiples rostros. Uno de estos rostros es el rechazo, repleto de vallas y concertinas en las fronteras, como elementos disuasorios contra la nueva pobreza.
Porque todos los jeques árabes, viven como Alá en esta España, de la que ya son casi absolutamente los propietarios de las costas andaluzas. Por tanto, las vallas sólo son contra la pobreza.
Concertina, una palabra llena de connotaciones y evocaciones musicales. Efluvios sonoros que quizá sean los desgarradores gritos de quienes se laceran y desgarran sus carnes en ellas… para tener acceso al pan, huyendo de la miseria y la muerte.
Si nos llamamos cristianos, y muchos se sienten orgullosos de definirse como tales, es necesario recorrer el camino junto al pobre, aun sabiendo que ese camino no deja beneficios ni en el banco ni en los bolsillos ni en la imagen personal pública. Los cristianos no podemos separar la fe de la política, entendida como el arte de organizar la convivencia, la libertad, la justicia y la hermandad.
Somos un país que se autodefine cristiano y católico y mi pregunta es: ¿Qué hacer como cristianos en presencia de unas fronteras diseñadas para que en ellas los pobres queden atrapados, mutilados o muertos, como en Ceuta y Melilla por citar ejemplos cercanos?
Todo está orientado al rechazo; no a la hospitalidad sino a la crueldad, no a la solidaridad sino a la xenofobia, no a la compasión sino a la represión. Para ver y oír, los cristianos no necesitamos cámaras de vigilancia sino ojos de misericordia; no necesitamos sensores de sonido que detecten movimientos en las fronteras, sino oídos atentos al clamor de los pobres. Nece¬sitamos corazón, no necesita¬mos razones, sino compasión. Y necesi¬tamos hacerlo con la mirada y fe de Jesús de Nazaret. Los cristianos, no podemos dejar apar¬cada en casa la mirada de Jesús sobre los pobres; aun sabiendo la dureza de ese camino.
Si yo me vanaglorio y presumo de mi fe, pero mi fe no me lleva en lo que de verdad puedo, a estar junto al que sufre, entonces ocurre que esa fe, es hueca, estéril, porque estoy vacío por dentro….
“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, soy como metal que resuena”
Porque Fe y Misericordia, son las dos caras de una misma moneda que no pueden existir la una sin la otra y esto es válido para todos, creyentes y no creyentes. Sin Fe y Misericordia, es imposible un mundo con Esperanza.
Tiemblo y desespero, cuando pienso qué navidades pasarán en la cristiana Europa los que huyen de las guerras y la miseria, llegado ya el frío.
Tiemblo y desespero, cuando pienso en tantas familias españolas que carecen de lo esencial, de trabajo, de techo, de cobijo, del calor de un hogar en familia o entre amigos… porque los han desahuciado los banqueros cristianos. Y ante esto, como cristiano, me avergüenzo.
Lo siento, pero estas fechas de felicidad a plazo fijo en las que todos decimos y queremos ser mejores me superan.
En el Portal de Belén de la Parroquia de San Antón de Madrid, hay un Niño. Ahogado, tendido boca abajo, cuyos padres de pié lo contemplan con desesperación… «Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero, y me acogisteis… (Mt 25).









