Os deseo una feliz Navidad o un feliz solsticio de invierno, como se prefiera. A mí ya hay personas que me desean lo del solsticio, sabía algo pero tuve que enterarme mejor y resulta que es el tiempo en el que en el hemisferio norte el Sol está más lejos del Ecuador de la Tierra. Por supuesto que nuestra formación cristiana nos hace felicitar la Navidad, el aniversario del nacimiento del Niño Dios en Belén, en esta etapa resulta que el Sol-Dios está más cerca, pero por lo demás es curioso cómo para quien conmemora el solsticio es tiempo de renovación y renacimiento y para los creyentes también lo mismo, es igual, no hay contradicción, todos vivimos la Navidad como una celebración que sucede en el solsticio y en la que podemos pensar que es tiempo para renovarnos y tiempo para la esperanza en ello. Esperanza en que iremos hacia otro solsticio y hacia otra madurez humana. La esperanza en lo cíclico.

Creemos que no cambiamos o que no podemos cambiar y la verdad es que el temperamento suele ser el mismo porque resulta de la herencia genética, pero menos mal que el carácter, que se va formando con la vida, la experiencia y la cultura se va ensamblando con él para dar como resultado la personalidad. Y en esa ya sí tenemos bastante responsabilidad según lo que hayamos alimentado.

Hay edades en la vida, sobre todo la juventud y la primera madurez en la que nos hemos ido conociendo a nosotros mismos y mantenemos a ultranza: “Yo soy así”, sean errores o aciertos los que  hayamos efectuado. Eso para mí es una irresponsabilidad. Pero cuando se llega a edades más serenas ya hay que pensar, y el que no lo piense se condena a su propio ostracismo, porque aunque seamos “así” existe la manera de mejorar para que las relaciones humanas sean confortables.  Quien sea antipático o egoísta puede trabajar en ser más generoso y quien sea bondadoso e ingenuo lo tiene que evidenciar para que no quede que es tonto. Hay que ser “en el mejor sentido de la palabra”, bueno. ¿Por qué? Porque a mi manera de entender, con el paso del tiempo debemos reconocer la verdad más equilibrada y además demostrarla. Y si hay que decir lo que se piensa y la verdad de lo que vivimos, es mejor haberla pasado por el tamiz de la educación, la comprensión, la autenticidad y luego ya es el problema de los demás que lo hayan entendido. Es cuestión de inteligencia.

Las relaciones humanas no son tan difíciles como parece, todo consiste en convivir y decir lo que se piensa sin hacer sangre y sabiendo que a la otra persona le corresponde aclarar si estamos en lo cierto, nadie debe presuponer ni suponer nada de los demás, nadie piensa igual, el proceso vital condiciona demasiado, pero sí podemos llegar a admitir que cada cual tiene derecho a ser cómo quiere ser y respetarse. Yo antes me enfadaba más, ahora casi nada, importa más la paz interior y allá cada cual porque cada uno o una tiene la suya. Eso sí, se delimitan mejor los espacios y las opciones, que es lo mejor que hay.

Así que yo deseo buen trato y respeto a las opciones. Tenemos las elecciones, se votará y yo espero que salga lo que salga no volvamos a enmendar la plana a lo que ha salido y verborrear sobre lo que ya no depende de nosotros. Si votas, acepta, sí no votas no puedes cambiar nada, si lo haces en blanco es que te da igual. Así que espero opinar un poco sobre lo que ha salido, si me gusta o no, porque votaré. Y después ya hablaré del año que ha pasado y del que viene. Por si se cumple y se mejora algo.