Escuchar al hombre o la mujer del tiempo pronosticando lo que hará al día siguiente, me enerva cada día más. La rutina, la desidia, el servilismo, o la falta de rigor usando el lenguaje para llamar buen tiempo a lo que viene ocurriendo, en el otoño más cálido y casi seco del último medio siglo, parece un irresponsable despiste colectivo. Irresponsabilidad o despiste cuando menos, creo yo, es mirar para otro lado cuando destrozamos nuestro ambiente y negamos el futuro a esas criaturas, hijos o nietas, a quienes tanto parecemos o decimos querer.

            Desde 1.972 en Estocolmo se han sucedido, hasta la del pasado 30 de Noviembre, en París, catorce reuniones o cumbres en que los gobiernos del mundo han tratado, con poca decisión, sobre el deterioro ambiental. En tan largo periodo, y a la vista del innegable avance de los males anunciados, se ha acabado reconociendo que el discurso ecológico era algo más un cuento esgrimido por los antisistema para atacar al boyante mundo capitalista. Hoy cualquier persona pensante, por muy de derechas que sea, se preocupa por el cambio climático que significa la presencia aquí de moscas en Diciembre. Cualquiera que reflexione se dará cuenta de que el presente es buen tiempo sólo para las terrazas de la hostelería y por extensión, de manera transitoria y desigual, para tal sector económico-turístico. Por contra, con mayor o menor convicción, tanto los sectores (incluidas sus fundaciones) defensores del crecimiento sin trabas como los gobiernos cómplices, han camuflado sus virulentos ataques para acudir, como Rajoy a París, intentando pasar por ecologetas conversos.

            Sí, pero ya está claro la innegable realidad de: *Los cambios en el ciclo de las plantas *Las olas de calor y la mortandad creciente que les sigue * Las sequías más frecuentes y peligrosas *Inundaciones que invaden costas y sepultan islas *Deshielo de los glaciares * Cambios de estaciones *Mayor acidez en el agua de los océanos * Hambrunas crecientes en poblaciones pobres. La cuestión es tan clara que a ella el papa Francisco ha dedicado uno de sus más firmes pronunciamientos en el documento Laudatio.

            Para atenuar tal realidad, cierto capitalismo trata de mostrar un rostro más humano patrocinando las cumbres citadas como la de París. En tal labor encontramos a Renault-Nissam, Ikea, Michelín, Aair France y hasta un banco francés que no se corta en financiar la contaminante industria del carbón. Claro, ello cuadra muy bien con lo que el señor Bufrau, presidente de Repsol, da a entender con: “Renunciar al crecimiento no es una opción a contemplar”. Si, luego vendrá el regateo (los 2 grados fijados en París)  del crecimiento supuestamente sostenible  a los límites al calentamiento global que nunca se cumplen por culpa de uno o varios paises. Nos puede servir de ejemplo Holanda-Paises Bajos,donde el peligro de inundación es más evidente. Allá los tribunales obligan al gobierno a que eleve del 16 al 25 % el límite de emisión de gases a la atmósfera.

            Por contra, en la España de Rajoy y su primo la custión ambiental es paradójicamente más complicada. Aquí, pese a las medidas que ha tenido que adoptar Carmena, en lugar de manipluar los medidores como hiciera Botella, en Madrid, la emisión de gases en el conjunto del país no es tan preocupante. De ello se ha encargado la crisis industrial con la deslocalización de fábricas hacia el exterior. Nuestro actual presidente, además de esconder a su primo y las dudas sobre las predicciones ambientales, ha acudido a París y a donde se le mande para engañar a los muy y muchos españoles sobre su descabellada y peligrosa política ambiental. En la capital de Francia, como hace unos meses con su Fdez. Diaz defendiendo fervoroso la libertad de expresión, ahora respaldará lo que diga la Unión Europea. Importará poco que lo que aquí se haya venido haciendo tenga  poco o nada que ver con la orientación ambiental europea.

            Recordamos que la señora Merkel, en tantos aspectos su modelo, retira apoyo a la energía nuclear en beneficio de la renovable, incluso solar en un país más sombrío. Aquí don Mariano se decanta por la nuclear, térmica o el biodiesel en detrimento de las renovables (solar, eólica, e incluso hidráulica), lo que el sector eléctrico le mande como antes al PSOE. Importa poco que en tal deriva se deje en el camino un sector estratégico para el desarrollo tecnológico e industrial para  su España. Su patriotismo ha contado poco a la hora ayudar a que Abengoa no se viera en la presente  situación y que los muchos españoles que trabajan en dicha empresa dentro y fuera de España España se vayan al paro que dice estar solucionando. Lo sucedido con Abengoa, la llamada multinacional andaluza, es el más claro signo de esta economía de casino y engaño instrumentalizada  para que el sol y las riquzas sólo salgan para esa minoría de la casta.

            No es buen tiempo con este clima tan dislocado, pero lo es mucho peor con esta sociedad en la que se maltrata y/o extermina la verdad, a la naturaleza, y con ella la dignidad y el futuro de las generaciones venideras. Por contra, es tiempo de pedirnos, a nosotros primero y al prójimo después, una sincera reflexión sobre qué hacer con nuestra forma de vida y con las reales posibilidades de supervivencia.