Se han encendido tan pronto las luces navideñas que casi me hacen escribir sobre la Navidad, pero no, lo dejaré para su momento, he pensado que entre eso y las elecciones próximas que algo habrá qué decir, voy a cortar por lo sano y voy a hablar sobre el cementerio Inglés. Puede que nada que ver, pero me apetece.

Considero una buena iniciativa que se haga una campaña para conocer nuestro cementerio inglés, el primero de Andalucía, como una forma de necroturismo, que me parece horrible la palabra pero sé que hay gustos para todo y además es una fuente de cultura y de conocimiento de la propia historia. Me gusta la idea pero yo la proclamaría para el propio Linares, una campaña para que ningún linarense deje de conocerlo, porque hay un porcentaje elevadísimo de personas que no lo conocen. Yo  propondría la idea a Juan Parrilla Junior que es de los que más sabe de este cementerio y de donde bebemos los demás que nos queremos acercar a este lugar emblemático para Linares. Sé que me hará caso.

Yo lo respeto casi todo, porque la razón dice que no todo es tolerable, y respeto la religión evangélica, concretamente la de la Asamblea de Hermanos porque en cuanto a sus creencias me parece personas muy leales con ellas. Sus creencias básicamente son muy parecidas a mis creencias aunque en cuanto a las organizaciones supra religiosas siempre haya algo qué decir mutuamente. En fin, que estoy de acuerdo con unas cosas y con otras no, igual que ellos dirán en cuanto a mí misma, pero eso no impide que nos respetemos y nos tengamos en cuenta, incluso que coincidamos en algo. Todo esto lo digo por la comprensión emanada  de lo que Carlota Remfry y yo hablamos en mi libro Susurros y de cuanto nos unía más que nos separaba.

Animo a conocer el cementerio Inglés, a mí me gustó mucho y me llamaron la atención las diferencias en la forma de enterrar a nuestros muertos. Valoro mucho a los ingleses que decidieron descansar aquí, señal de que consideraron Linares como su tierra. Y nosotros los tenemos como un lugar casi ajeno, que casi no se sabe dónde está, que se ignora otra forma de recordar, que se eligen las frases bíblicas como epitafios… Todavía me acuerdo de lo que me costó traducir la frase de Carlota Remfry  por desgaste de algunas palabras. Al final se pudo leer: “Dedicado a Charlotte Elisabeth Frederica Kidd, que murió  el 21 de Enero de 1957 a los 87 años. Hágase su voluntad”. Es una tumba sedante en un cuadro de tierra, coronada por una lápida vertical de arenisca en su cabecera y dando al lado norte. Al pie de la tumba reposaba una cruz blanca que seguramente se había caído en algún pasado invierno sin que nadie la colocara de nuevo, no así la de su esposo, que estaba a su lado y la conservaba. Alguien debía poner esa cruz en su sitio, pensé sintiendo ganas de colocarla yo misma. Carlota casi pierde el apellido, no conmigo, como la cruz. Cuando vuelva, si fructifica esta idea de abrirlo a los linarenses, espero que esté puesta.