Solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena,en su festividad del día 4 de diciembre, al igual que solo nos acordamos de este oficio en máximo peligro de extinción, me refiero al de maderista – o Entibador- cuando llega la festividad de la Patrona de la Minería, al ver como cada día que pasa quedan menos “mineros maderistas”, y nadie todavía ha tomado el relevo a estas personas mayores que en su día hacían los trabajos en la mina.
Llevo diciéndolo varios años, pero nadie me hace caso, debería de ser entre otros los organismos oficiales que deberían de tomar cartas en este asunto, Excmo. Ayuntamiento de Linares y la Diputación Provincial, en librar dinero para hacer cursos donde este oficio no se pierda, y hacerlo llegar a la escuela taller, para que se den cursos sobre esta materia tan importante para Linares y su Patrimonio Minero.
El maderista, entibador o ademador, es como se les conoce a estos trabajadores en las labores mineras. Trabajos inherentes a todo el proceso de la explotación subterránea de un yacimiento.
ENTIBACIÓN y FORTIFICACIÓN.
Entibación es sinónimo de apuntalamiento, de sostenimiento, constituyendo uno de los trabajos más importantes en el desarrollo del laboreo de una mina. Estos trabajos se realizaban tanto en labores de investigaciones (apertura y conservación de pozos, galerías, transversales, chimeneas y de cualquier labor que necesitara sostenimiento de hastiales o de techos), como de labores de preparación (intermedias, tolvas coladeros, fajados, etc.) y fundamentalmente en las labores de explotación (construcción de castillejos, tapes, tolvas, tabiques, etc.).
La entibación se hacía con palos, generalmente de pino, de distintos diámetros, en función del lugar a reforzar o entibar. Este trabajo lo ejecutaban dos operarios, el “maestro maderista” y el “ayudante de maderista”. Para los trabajos de instalación y conservación de los pozos, donde se realizaban trabajos más específicos y delicados, se disponía de una o dos parejas de maderistas experimentados y de reconocido oficio, denominados, “maestro pocero” y “ayudante pocero”.
La fortificación en las minas de Linares, estaba en relación con la consistencia y características geodinámicas de la roca encajante del filón. En zonas de granito (la mayor parte del distrito minero), de gran dureza y consistencia, la labor de fortificación eran muy escasa, concretándose casi exclusivamente a la realización de entibar las zonas más anchas del filón, o algunos tramos del mismo que presentaran características de descomposición o desmoronamiento del material o rocas circundantes. En estos casos se fortificaba la zona con “portadas” de madera, metálicas, de mampostería, de hormigón, o a veces, con algunos de estos materiales, combinados.
En algunas minas de la zona de Linares, cuyos filones “armaban” en pizarras del paleozóico como los explotados el suroeste del campo filoniano, próximos a la “Fosa de Bailén”, en algunas de sus labores, el empuje de las pizarras obligaba a utilizar las clásicas portadas, construidas con dos palos verticales y un “techero” horizontal, “arriostradas” todas ellas entre sí. Aquí también, la fortificación era necesaria, al igual que en las minas de La Carolina, en las que la fortificación era imprescindible.












