En Religión Digital, aparecía hace pocos días la siguiente noticia: “Obispo de Comunión y Liberación: ‘Francisco debe tener el mismo final que el otro Papa’, es decir Juan Pablo I, que sólo duró 33 días en el solio pontificio. ¿Quién es el prelado capaz de desearle la muerte al Sumo Pontífice? Se trata de Luigi Negri, titular de la diócesis de Ferrara y perteneciente al movimiento Comunión y Liberación, ‘cazado’ mientras hablaba por teléfono en un tren.

Andamos buscando terroristas de tez morena por doquier en Europa, y miren por dónde los tenemos también en nuestro propio seno, en nuestra propia cultura, en nuestra propia Iglesia Católica.

Mientras Josep Ratzinger, ha hablado siempre del alcance destructivo de la secularización es decir, de la laicidad en la sociedad, el filósofo René Girard sin embargo, postula que las religiones son un obstáculo para una sociedad laica liberada de trabas religiosas violentas. Para el filósofo Ruiz Lozano, René Girard propone la necesidad de una lectura antropológica y sociológica del nacimiento de la religión y de lo sagrado.

La respuesta a esta necesidad es ofrecida por Girard a través del mecanismo del “chivo expiatorio”. En “La violencia y lo sagrado” describe desde una perspectiva etnológica y antropológica, el origen de la religión.

Siempre la humanidad, ha entendido que lo sagrado es el principio máximo que distingue lo que es bueno de lo que es malo. Pero en demasiadas ocasiones, lo sagrado ciega. Toda la cultura tiene el mismo origen religioso y está marcada por la misma violencia.

Sin embargo, Girard dice que Cristo a través de su vida y muerte, representa el mecanismo del chivo expiatorio.
En Jesús, se produce aún en el pleno momento de su muerte, un rechazo pleno de la violencia, reflejando que Dios no tiene nada que ver con la violencia de los hombres.

La clave está en mostrar la falsedad de una estructura religiosa, alienante y esclavizante, como hizo Jesús… y le costó la vida.

Decía hace días Javier Jiménez Olmos: “Es difícil liberarse de la indignación que la barbarie causa en los sentimientos humanos. Sin embargo, hay que mantener la serenidad para poder afrontar los desafíos. Liberarse de la tentación de llamar guerra a lo que son ataques terroristas. Si no, entonces entramos en el juego de lo que los terroristas pretenden. Baste ver el fracaso en Afganistán e Irak con el “Trío de las Azores”.

Porque el terrorismo emplea la violencia física o psíquica para que produzca terror en la población. Y por supuesto la propaganda le es fundamental.

Otra característica del terrorismo es su capacidad desestabilizadora. Los terroristas tienen bien presente que la violencia provoca reacciones irracionales que llevan a romper la estabilidad emocional de sociedades, gobiernos y estados.

Tres factores les son vitales: provocar miedo, propaganda y desestabilización. El terrorismo trata de extender el terror al mayor número posible de ciudadanos, elige víctimas inocentes y no acepta límites en su acción violenta. El terrorismo es una herramienta, un arma psicológica para derribar; necesita de la propaganda para hacer llegar al público su contenido ideológico, político, religioso o nacional. Y como es fundamentalmente religioso, también lo es básicamente desde la adoración al “becerro de oro”…El dios dinero.

El fenómeno terrorista es multicausal: conflictos étnicos, religiosos, ideológicos, pobreza, desigualdad, ausencia de democracia, debilidad gubernamental y corrupción. Por ello, para que el trabajo contra el terrorismo resulte eficaz hay que analizar sus causas y no solo sus consecuencias. Y a todo ello, hemos contribuido nosotros, Occidente, cuando no hayamos sido a veces sus causantes.

La mayoría de los atentados se cometen contra musulmanes por parte de otros musulmanes. Esto no es una guerra o choque de civilizaciones, porque la inmensa mayoría de los musulmanes condenan los actos terroristas.

Les sugiero el informe del Global Terrorism Index.

Es necesaria la colaboración coordinada a nivel internacional y la vigilancia continua de los focos de propaganda y reclutamiento, con especial atención a las redes sociales y no el contradictorio fiasco, que algunos países han organizado, aunque les apoyemos en su dolor. “Vísteme despacio, que tengo prisa”

El proceso político no significa cesión alguna ante las demandas terroristas, ni debilidad de las instituciones democráticas a la hora de aplicarles la ley.

Mientras nos revestimos hipócritamente de “patrioterismo” además de intereses económicos, electoralistas y partidistas, convendría preguntarse: ¿Cuantos países occidentales del G-20, también árabes, no elaboran el “veneno”, propiciando la fabricación de bombas y armas para los yihadistas? ¿Y eso no es terrorismo como el del Obispo Luigi Negri? ¿Quiénes compran el petróleo a Isis y a Daesh?, ¿Qué papel juegan Rusia y China al igual que anteriormente lo hicieron EE.UU. Y Occidente apoyando regímenes totalitarios en diferentes países árabes, la situación estratégica de Siria como anteriormente lo fue Libia, Irak, etc.

Hay que ir contra el terrorismo sin compasión. Pero acaso lo haya de guante negro y de guante blanco y claro, al de guante blanco, el del “dios dinero” mejor ni tocarlo, no nos interesa.

La pregunta que todos debemos respondernos es ¿No se estará utilizando realmente el terrorismo en plan sentimentalista y populista para conseguir otros objetivos que no interesa que los pueblos conozcan?