Este país, esta España nuestra, sigue perdida entre enfrentamientos sangrantes e inútiles desde nuestra desdichada guerra fratricida. Todavía no hemos, renacido de las cenizas que provocó aquel aciago enfrentamiento, no hemos avanzado nada en la historia de nuestra relación como pueblo, ni tampoco en nuestras cuitas personales.

Para que un país sea sano democráticamente, es necesario que con el motor de la educación sea, capaz de revisar su historia y ver en qué se ha equivocado en algunos momentos de la misma. Y aquí, seguimos negando una auténtica educación y tropezando en la misma piedra, porque muchos se niegan a mirar para atrás… y es necesario hacerlo, como lo hicieron los alemanes, los franceses. Seguimos siendo una sociedad decadente, al estilo de la victoriana del S. XIX que Oscar Wilde narrara magistralmente en “El retrato de Dorian Gray”. Una sociedad victoriana puritana en lo estético, decadente en lo ético, que llevó por pudor a tapar las patas de los pianos, convirtiéndolos en una mesa camilla, por la connotación sexual a la que podían conllevar esas esbeltas extremidades.

Dorian Gray, un joven Adonis, cata todos los placeres de la vida sin límite, mientras su retrato es el que envejece, mostrando y absorbiendo todas las huellas de su depravación. Magnífica imagen de las sociedades europeas de aquella época, incluida la hipócrita España de Fernando VII.

La memoria tiene una capacidad dual, que es la de retener y olvidar. Derivado de ello, sí que me apetece hablar sobre el concepto de la “Memoria Histórica” y éste otro al que llamo “Histeria” de la Memoria.

Estoy cansado, muy cansado de oír frases vacías e insultantes, que critican el derecho a cerrar definitivamente las heridas provocadas por aquella aciaga contienda, aquel horrible enfrentamiento entre españoles. Urge que los asesinados sean definitivamente buscados, desenterrados e identificados, con el derecho a un entierro digno por parte de sus familias.

Es simple humanidad. Pero la memoria de algunos, más de los que se desearía, entran en un estado de “catatonia histérica” cuando se habla de estos derechos conculcados, diciendo que a los muertos hay que dejarlos en paz, que sus familias buscan el “agosto económico”

Esta herida, si no es limpiada, desinfectada y sacada toda la purulencia que significa el odio, el desprecio y el olvido, jamás se podrá cerrar.

Fuera miedos, porque los perdedores de esta horrible guerra, demostraron querer perdonar e intentar la reconciliación aprobando una Constitución y aceptando una nueva bandera.

Una bandera, no es más que un retazo de tela, sea la bandera que sea, pero que debe simbolizar y congregar en torno a sí, la esperanza de los pueblos, sus valores sociales y solidarios para con los más desfavorecidos(sobre todo hoy) respetando las diferencias y las peculiaridades de los mismos, en absoluto plano de igualdad. Si nos quedamos en el símbolo y no sabemos ver lo que realmente encarna y significa, entonces, no habremos entendido nada.

Pero para que ello se dé, es necesario reconocer las atrocidades que se cometieron tras la guerra, porque los vencedores nunca demostraron generosidad alguna para con los vencidos. Sólo así, los que todavía hoy se sienten vencidos, por el desprecio de los vencedores y sus herederos, podrán entrar en el camino del perdón y del olvido. Hemos perdido la memoria de nuestra pobreza real y moral desde entonces… y así estamos. Rajoy siempre se ha jactado de no haber dedicado ni un solo € a la Memoria Histórica y eso es un tétrico cáncer para un gobernante.

No se puede perdonar si previamente no se ha pedido perdón; si no, se está pidiendo a la otra parte un imposible, porque la Dictadura necesita un juicio histórico, sin odios, sin resentimientos, como hizo Alemania.

He tenido la suerte en esta vida, de aprender a discernir, a reflexionar y como consecuencia, a separar el grano de la paja y escuchar a mi conciencia. Hoy ya, las ideas políticas, las ideologías, ya significan nada para mí. Nada. Porque por encima de ello, he aprendido a mirar a los ojos de la gente, al corazón humano, independientemente de cómo piense éste. Sólo me importan sus actos, ya que son esos actos los que nos definen, porque estamos saturados de falsas palabras, de falsas promesas y de actos crueles.

Me he encontrado con gente que dice que la Sociedad, la Iglesia, no es perfecta ya que está formada por seres imperfectos… y llevan razón.

Pero esta afirmación, no puede suponer de ninguna de las maneras la justificación para la indiferencia y el quietismo sistemático y la insolidaridad que estas gentes practican.

Porque sólo se equivoca el que actúa y se compromete sinceramente, humanamente con el mundo. Simplemente aspiro y con dificultad, a vivir en paz con los actos que me imponen mi conciencia.