Aunque nunca se olvide, salir se sale, y cuando se  sale hay que disponerse a seguir ayudando, luchando y colaborando para conseguir que esa salida se haga con dignidad y eficacia. Una salida de verdad, para eso estamos todas. Muchas mujeres, las que han salido, las que las acompañamos y las que lo sentimos, estuvimos en Madrid el pasado 7 N y nadie ya puede dejar de escuchar el clamor indignado, solidario, emocionado y dispuesto a seguir luchando y que todos luchemos por conseguir una sociedad libre de violencia hacia las mujeres. Un país limpio, si no fuera mucho pedir, civilizado y justo. Que el machismo se destierre de una vez por todas. ¿Nos imaginamos una convivencia pacífica entre nosotros, hombres y mujeres, en las relaciones personales, en lo que nosotros sí podemos decidir, que bastante tenemos con lo que nos imponen? Esa es mi idea y mi lucha, de manera sensata, por mi sociedad y quienes la sufren.

Nada más terminar la manifestación violeta y multitudinaria, tuvimos que enterarnos de que habían sido asesinadas cuatro mujeres más. Todas pensamos que de qué había servido tanto esfuerzo, hubo que recoger el desánimo de muchas para seguir, porque hay que seguir, nadie nos ha dicho que sea fácil. Y vamos a seguir, todos los días. Vamos a exigir, todos los días, que sea una cuestión de Estado,  que se amplíe y se adapte la ley para que se abarquen todas las violencias hacia las mujeres. Vamos a vigilar que se repongan y se dote suficientemente las partidas presupuestarias para esta lucha, que se cree una unidad de coordinación contra la VG en cada Comunidad Autónoma, que se disponga de un fondo de apoyo a los Ayuntamientos que refuerce su papel, que podamos acompañar a las víctimas a los juicios de manera personalizada, que tengamos un plan nacional de sensibilización y prevención, de atención a la formación y educación en Igualdad en todas las etapas educativas y la protección de menores. Dejo para el final dos cosas muy importantes también: Que haya protocolos de intervención específicos para la atención a las mujeres que retiran las denuncias y formación específica obligatoria para todo el cuerpo judicial que intervenga en juzgados especializados en temas de violencia de género.

Ya puede verse que no hemos ido con las manos vacías, que sabemos organizarnos y que tenemos muy claro lo que hay que hacer y por qué es una cuestión de Estado, de todos. Que sabemos lo que hay detrás de la retirada de una denuncia, lo que hay detrás de permitir a los maltratadores condenados ver a sus hijos y que a la Justicia le queda aún mucho que concienciarse y aprender. No es ninguna broma. En caso de muertes, de asesinatos, no vale cualquiera. Nos negamos. Lo seguiremos.

Por eso con todo el dolor y la secuenciación de tantas muertes gratuitas nosotras vamos a continuar exigiendo todas estas medidas. Y al hilo de esto, desde Mujeres Vecinales tendremos entre nosotras para todo Linares a Ana Bella. Ana Bella Estévez fue una mujer maltratada que después de liberarse con valentía de su maltratador siguió luchando por convertir a las víctimas en supervivientes. Creó una fundación en 2006 con el propósito de ayudar a las mujeres víctimas de violencia para que se empoderen y emprendan una vida digna y feliz. Para ello  han podido conseguir patrocinadores muy importantes que han propiciado la inserción laboral de estas supervivientes, consiguen una red social de apoyo, forman a las mujeres como agentes  del cambio Social y rompen el silencio acompañadas por las demás. Es parecido a lo que intentamos hacer en Mujeres Vecinales y por lo que vamos a seguir su experiencia, su lucha y su esfuerzo.

A pesar de estar rodeadas de muertes, de que siga la sinrazón asesina,  desde el 7N la actitud de las mujeres no es lamentarnos de impotencia y de rabia, es seguir luchando hasta conseguirlo.  Y no nos moverán. POR ELLAS.