Decidimos invitar a cenar a Nemesio el día de San Juan, junto a su santa esposa Dolores y la ilustre Evarista Alcañíz y Sanz que siempre va de carabina. Nada más entrar por la cancela de mi casa, empieza el abuelo maimónides a decir: “¡Masturba, masturba, masturba!” Todos nos quedamos mirándonos con cara de idiotas sin saber a qué venía la cosa. Su santa, cabreada, le dijo: ¡No tienes más que fijaciones, siempre estás pensando en lo mismo! La Evarista le soltó: ¡Me avergüenzas Nemesio, eres un degenerado sexual!

Y Nemesio sonriendo incomprensiblemente, porque la risa la desconoce, nos dice: “Me quedao con tos vosotros, porque lo que estoy iciendo, es que esas macetas, nesecitan “más turba” pa que las hojas tengan más verdó” Creo que ya venía demasiado alegre. Como siempre, lo primero que hicimos, fue enseñarle la casa. Dolores y Evarista vieron los cuadros que me quedaron de la exposición que realicé con las imágenes de nuestra Semana Santa. Nemesio al ver en el salón el Cristo del Santo Entierro, me espeta: “Oye Parrillosky, ¿tiés más cuadros del beaterío de mierda éste”? Yo le respondí, que sí, que ya los vería en los dormitorios y en la buhardilla. A lo que el esperpento de abuelo me soltó: “Pos entonces, ya he visto toa la casa, beato gilipollas, porque yo creía que eras un rojo con un par de cojones” Pero Nemesio, Vd. tiene en el cabecero de su cama a la Virgen del Carmen y… “¡No compares, eso es indistinto, eso es al lao de mi Dolores, pero a mi lao tengo a mi camarada Lenin!”

Yo como me gusta chincharle le dije: Y la del Carmen y el Lenín ¿Se llevan bien. Vd le reza a Lenin? Me derritió con la mirada soltándome: ¡Eres un rojo cabrón descafeinao de mierda!

Dolores y Evarista le dijeron que iba a arder en los infiernos y un sinfín de lindezas más. Pero él cabreado se quedó sentado en el patio, porque no consintió subir. Cuando con un gesto le dije que mirara para atrás y vio el azulejo de la Morenita, saltó del sillón como un gato y me espetó: “¡Joder, dime ande me pueo sentá pa no contaminarme con tanto beatiferio”!

Entonces le dije: No va a ver los banderines y láminas que tengo del camarada Fidel, del camarada Allende, del Che, de su admirado Mao y de San Lenin. De un bote se puso de pié y dice: “Pos ahora sí subo”… ¡Pos ahora no sube Vd. puñetas! ¡”Será maricón el facha este”! Me soltó.

Y empezamos a poner la mesa. Cuando el abuelo empezó a ver el marisco, la Torta del Casar y el surtido productos extremeños ibéricos, de la tierra de mi santa, empezó a sudar a chorros y a ponerse nervioso. Mi contraria y yo lo mirábamos sin entender nada y Dolores nos dice: Esto le pasa cuando ve comida que le gusta demasiado; es normal en él, porque es un tragaldabas.

Y le dice la Evarista: ¡Nemesio lo que te has perdido!

“No me des la noche Eva, que eres mu beata y mu capillicas… claro, estuviste de maestra en la Sección Femenina esa, pa las zagalas que hacían el Servicio Sociá con la Falange en tiempos del Paquito… que vas a una proseción o un rosario y pierdes el sentío. Vaya una amiga pa mi amargura, que sa echao mi Dolores”

Evarista ni se dignó contestarle, porque es muy educada y condescendiente ella, que perdona demasiado a Nemesio.

Y empezamos con el manduque. Previamente, he de decir que trajo como detalle, dos tintorros del súper de los de a 1 leurón la redoma. Me dice que sacara “el sagrado mollati que había traío” y le dije que el vino se lo iba a beber su santa madre, que era obscenamente porro y mísero y que iba a sacar para la pitanza un buen tinto, embotellado en Extremadura para Cuba. Cuando lo vió, se adueñó de la botella y dice que sacara otra para nosotros. Yo creo que llegó a sentir orgasmos etílicos múltiples. Y es que el mollati, estaba bueno de cojones. Pero antes de empezar, dice la Evarista de bendecir la mesa y el vejestorio replica con mala baba: ¡”Eva, si quiés que mentre una endigestión, haces la bendición esa, pero aluego me vais a tener que llevar a urgencias, porque a mí se me quean en la boca del estómago tos los rollos meapilas esos!” En la cena, su Dolores, no hacía más que darle en la mano, porque se portó como un auténtico troglodita que no dejaba nada a nadie. ¡Como para invitarlo otra vez!

Ahora, el vino que le saqué hecho en la tierra de Fernández Vara, para el Fidelín de las Madres Cubas, no le duró lo que se tarda en rezar un Credo y no hacía más que besar la redoma. Y me dice el muy golfo: “Parrillosky, te cambio dos de los tuyos por los dos míos que te traío”. A lo que yo le respondí: ¡Y todos los mojones de las Sanjuanicas!

Creo, desde que me he vuelto de la derecha centrada, que los rojos como el abuelo éste, no tienen remedio.

¡Ay Señor, por qué meas…..abandonado!

Chu bí continuid…