INDIFERENCIA es el calificativo más inocuo que puedo utilizar para ver lo que ocurre en esta sociedad ante la que nos mantenemos inertes, apáticos, y además en muchos casos deshumanizados.

Nos proclamamos ciudadanos libres e igualitarios, respetuosos de los derechos humanos, pero en la vida práctica en muchos casos no lo hacemos. Yo pondría el nombre de “fariseos”, una hipocresía en la que el ejercicio de empatía brilla por su ausencia.

Vemos las noticias, fotos que destrozarían cualquier sensibilidad y aún tenemos valor para decir con rotundidad “la inmigración debe de ser controlada”, como si en vez de seres humanos habláramos de cosas. Y encima, “son de países musulmanes” decimos como argumento para acallar nuestras conciencias.

Y olvidamos la historia de una guerra que sacudió España no hace tanto tiempo. Una guerra que como todas destrozó a un país, hogares y en las que en el nombre de una ideología daba igual matar, destrozar, aniquilar, porque la vida del enemigo perdió todo valor.

En esa historia muchas personas salieron de su país, su querida España, para salvar su vida y la de sus familias yéndose a otros países y a nuevos horizontes donde volvieran a vivir en paz. Pero ese derecho no lo reconocemos en otros.

Antes de juzgar tan duramente a otros, antes de dar argumentaciones sin sentido, dolorosas, e inhumanas, por favor parémonos a reflexionar. Ayer leí en las redes sociales, como alguna gente decía que si, que en su día se fueron muchos españoles, ¿pero en qué condiciones? Cómo si eso justificara el hoy por hoy cerrarles las puertas a estas personas que están viviendo un genocidio. Es que tenemos que pagar deudas históricas con otros, o queremos lavar nuestras conciencias sobre actos que no tienen ninguna justificación.

Entiendo, que la globalización, la falsa libertad para usar las redes sociales como nos da la gana, ha permitido que nos acostumbremos al horror y a la barbarie, y que manifestemos frivolidades para explicarlas y tranquilizar el vacío interior de cada uno.

Pero yo aún confío en el despertar de nuestras conciencias, de que busquemos en diferentes medios como ayudar,, de colaborar en las movilizaciones para acoger menores que  se están quedando solos por esta guerra, de ayudar y volver a sentir que todos formamos parte de una misma humanidad. Siempre termino igual, empatía, ponerse en el lugar del otro, y no hacer nunca lo que no quieras que te hagan a ti. Tan fácil como eso, y tan difícil como tener voluntad de ponerlo en práctica.