Con consentimiento familiar, una niña en edad de escolarización obligatoria, este curso permanecerá indebidamente  en educación infantil en un colegio privado con supuesto pedigrí pedagógico. Este hecho, junto al modo de entender mis escritos por parte de unos cuantos amables lectores, me inducen a reflexionar sobre los conceptos que encabezan este escrito. Así que, además del devenir de esa niña, tratemos de manera amplia lo que entendemos por: lectura, su utilidad en la sociedad, y el papel que en la misma pueden jugar la escuela y la familia en su aprendizaje, así como  la ciudadanía en su conjunto informándose.

            Empezando por el propio concepto, la lectura, podemos recordar  que la UNESCO la define como  saber extraer y comprender el significado esencial de un texto, o de otra manera en su grado má alto, entender el periódico en el contexto histórico e ideológico de cada día. Sin pedir tanto, también la podríamos definir como saber identificar las palabras y el significado de cada una de ellas. Al empezar en la niñez, nos conformamos con menos y basta con el descifrado o saber pronunciar palabras escritas. Ésto, que se dice tan pronto, puede tener su miga para la persona que aprende y para quien se encarga de atender las dificultades que pueden surgir. Hay muchas variantes personales, ambientales, madurativas y de otros aspectos en este aprendizaje. Se han descrito casos de aprendizaje en solitario, o precoces éxitos hasta a los tres años (Dóman), junto a otros con verdadera fobia a la lectura y a la escritura como placer e instrumento de curiosa satisfacción.

            Situaciones tan diversas generan, además de tales conflictos en la escolaridad de nuestra infancia, consecuencia como los bajos índices lectores habituales de nuestra sociedad. También causan algunas barreras o conflictos  de carácter personal o social y de dependencia, difícilmente superables por la desafección lecto-escritora. Hay sociólogos que han señalado, y en el pasado con bastante fundamento, que la sociedad propende a definir un currículum o estilo de escuela acorde con los valores de una clase dominante. Este currículum tiende a favorecer a aquel alumnado de familias en las que las destrezas lecto-escritoras se supervaloran sobre las manuales. De ahí, la segregación de una parte de la población escolar que no supere esta desventaja de partida.

            Claro que en todo ello, además de en las diferencias señaladas, la familia y la propia escuela , en otros muchos aspectos, habrán tenido bastante en qué influir. Desde la cuna, la madre y demás familiares con sus nanas y retahilas de canciones , cuentos y cantos que  van transmitiendo, bien es cierto que de manera desigual, el lenguaje oral y a su vez la afición para comprender y transmitir mensajes que les resultan placenteros.

            Con este desigual bagaje recibido en el ámbito familiar, en el que, para bien y para mal, están teniendo una importancia determinante los nuevos hábitos de vida influidos por la tele y otras nuevas tecnologías de la comunicación, llegan nuestras criaturas a la escuela. De ahí las importantes diferencias citadas en actitud, habilidad y precocidad. Se han entremezclado la soltura oral  o manual, con la capacidad de atención  y observación discriminadora de: sonidos, trazos e intenciones expresivas.

             En todo caso, habrá sido importante la labor de quien auxilia ante las dudas o búsqueda que nuestra criatura se ha ido planteando. Por un lado, también lo resultará  la motivación que se ha generado en torno a la lectura como puerta de acceso a las maravillas que ya había mostrado la tradición oral,como ese cuento enccantador que le narraban en casa o en la escuela. En tanto se mantenga esa magia y placer durante el aprendizaje, cosa que no siempre ocurre, el éxito será cierto. Al menos así lo concibí yo, como maestro tras una intensa dedicación a la teoría y didáctica de la lecto-escritura. Más allá de la llamada querella de los métodos, el peor peligro puede llegar con  el infierno de los plazos para el descifrado, en que la escuela y/o la familia, llegan a convertir la vida de cierta criatura con alguna dificultad. Esa urgencia insensible puede convertir el proceso lecto-escritor en una pesadilla machacona aburrida y, con frecuencia, irreversible.

            De manera general, conviene desde el principio detectar con ánimo integrador la posible causa de algún aparente retraso. Ser zurdo en un mundo de diestros, tener  menos habilidad en el trazo, poca fluidez por la escasa oralidad familiar, alguna ausencia por enfermedad u otros motivos u otras causas, suelen remitir si en clase y/o en casa  se favorece el ambiente de comunicación y confianza. Con frecuencia la eclosión descifradora surge un día de manera llamativa  en esa niña o ese niño que parecían perdidos. La presencia con carteles o cartulinas de aquel grafema (letra escrita) con algún dibujo que induzca al fonema (letra pronunciada) especialmente referidos a letras que, por su coincidencia parcial, inducen a confusión. Referencias mantenidas de ese modo de ce con zeta o qu por un lado, así como elle con y griega  y de ésta con i latina, como be y uve facilitan el dominio descifrador de la totalidad del grupo, aunque escalonado, en un periodo no demasiado largo. Y todo sin medidas traumáticas como la de crear ansiedad o separar a un niño o niña de   su grupo habitual de comunicación y amistad.

             Claro que para ello, tanto en el caso de nuestra gente menuda como entre los mayores, precisaremos una actitud abierta de querer escuchar lo que realmente se nos quiere decir para luego responder  también sin prejuicios.