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BARCELONA

Hoy quiero escribir sobre mi ciudad, porque yo nací allí, pronto hará 68 años. Por la triste perdida de un ser querido he vuelto a vivir en ella unos cuantos días, un mes largo. Mis visitas desde que salí para trabajar fuera en el año 1972, eran esporádicas y como máximo de un par de días, ahora aún tengo que volver unos quince días y dejar Linares, donde aunque los propios linarenses no se lo crean se vive bastante bien. A más de uno de los quejicas que hay, los metía yo en horas punta en el metro un día tras otro, o en un atasco en la Diagonal.

Tengo que confesarles, que la Barcelona actual no me gusta, si ya era de por sí una ciudad de prisas, actualmente se me vuelve agobiante, estresante y todos los “ante” que Udes., quieran.

Tal vez son mis años, pero las prisas y el bullicio no son amigas de la edad. El Turismo, ese gran invento, hace de Barcelona, una de las ciudades más visitadas del mundo. Son múltiples sus encantos, Gaudí y sus grandiosas obras algunas todavía inacabadas como la Sagrada Familia, el parque Güell, la Pedrera o Casa Milà en el Paseo de Gracia. Las casas modernistas de dicho Paseo, con su comercio emblemático, que en nada tiene que envidiar a los Campos Elíseos parisinos o a la Vía Véneto romana, Montjuich y sus fuentes, el Tibidabo, su magnífico puerto, sus museos como el de Picasso, o el de Miró, el Nacional de Arte de Cataluña. Su fabulosa gastronomía y de ahí sus geniales restaurantes, sus mercados como el de la Boqueria en plena Rambla de las Flores y como no el Barça, su estadio su museo. En fin tanto acapara Barcelona, que al final puede morir del éxito.

Los que me conocen o han leído mis escritos, saben más o menos cual es mi pensamiento, pues bien creo que algo o tal vez mucha razón tiene la Señora Colau, actual alcaldesa de Barcelona, en el asunto del Turismo. El centro de Barcelona, se ha hecho intransitable ante la gran cantidad de gente forastera, solos o en grupos numerosos, que impiden tan siquiera caminar por las aceras, dado que además existe el fenómeno de los manteros. Yo por descontado no estoy en contra de que nuestros queridos negritos (dicho sin ningún tono peyorativo) se ganen la vida comerciando con cientos de productos de todo tipo, muchos de ellos imitaciones de algunos de elevado precio, pero considero que su actividad no la pueden desarrollar a cientos en las zonas más concurridas, créanme como si fuese la playa de Benidorm en pleno mes de agosto. Debería regularse y no creo que haga mucha gracia a comerciantes de las calles emblemáticas de la ciudad, pagar una millonada de alquiler e impuestos, y tener en su acera tapando el escaparate, a un mantero ofreciendo una mercancía falsificada.

La verdad, ese centro barcelonés que tenía un gran encanto, hoy lo ha perdido, en gran medida por la masificación turística, donde al final de tanto que se ve, no se ve nada, si han hecho alguna vez algún viaje de estos preparados en que te dan 45 minutos para ver un determinado palacio, finalmente no lo disfrutan, y piensas ya lo veré mejor por internet, pues esto seguro que les ocurre a la mayor parte de la muchedumbre que visita la ciudad condal a lo largo del año.

A pesar de lo comentado, a los posibles visitantes de Barcelona, que puedan leer este escrito, yo les recomendaría hacer una pausa en los jardines del Museo Mares, sito a la izquierda de la Catedral, mirando su fachada principal, también claro esta pueden visitar el Museo dedicado al escultor D. Federico Mares. Una visita al Palacio Dalmases, en la calle Moncada, relativamente cerca del Museo Picasso, es muy aconsejable, siendo un lugar muy acogedor donde podemos oír un concierto de guitarra, de flamenco de opera mientras nos deleitamos con un cóctel.

Pero si nos alejamos del centro urbano, y vamos a cualquier barriada trabajadora nos va a sorprender como los pequeños comercios de alimentación, y la inmensa mayoría de los bares, están regentados por extranjeros, los primeros por pakistaníes e indios, sin horario de cierre, los domingos se les puede comprar un sopicaldo a las doce de la noche. Los bares y cafeterías están explotados por chinos, en un porcentaje que me atrevería a señalar en un 90%.

Luego está el tema de la política, pero ese lo dejare para otra ocasión, baste decir hoy que Barcelona, fue ciudad de condes, que no de reyes, cuestión muy a tener en cuenta en esto de la soberanía.

Bueno me retracto de lo antes dicho Barcelona, me sigue gustando, a lo mejor algo menos que antes, pero a lo mejor lo que no me gusta es tener muchos años. Vayan a Barcelona, ah pero eso sí, lleven una buena cartera.

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