Yo no sé qué nos pasa en este país, en España, digámoslo el nombre claramente que parece que nos chirría, con este desapego hacia sentirnos parte de él. No lo entiendo, porque tampoco se dice de dónde querríamos ser, ni por qué no se ha optado por marcharse a otro a partir de la mayoría de edad, que se supone que es cuando adquirimos la consciencia de lo que somos o querríamos ser. La libertad procura todo esto, por eso no entiendo la incompatibilidad permanente ni las incongruencias de algunos y algunas que teníamos por próceres. A veces nos llegamos a creer los ombligos del mundo y no sabemos que eso para nada importa. Y menos fuera.

Tengo que empezar diciendo que para mí no es incompatible sentirme española y ser de algún lugar dentro del territorio nacional. Y lo he dicho bien, me siento española, soy de Cantabria y  he elegido Andalucía para vivir, como sentirse persona, ser mujer y optar, enamorarse, decidir compartir la vida donde se haya elegido. No veo problema existencial y eso que quien cambia de lugar tiene que pensárselo muy mucho.

Me estoy refiriendo a Fernando Trueba, director de cine, el que hasta ahora consideraba un director de cine español, luego he visto que de Madrid, con lo que Madrid es para todos, o sea que no tiene por qué llevar en el ADN o en su historia ningún sentimiento separatista, aunque puede ser que aspire a más, a otro país allende fronteras y mares, quizá ni siquiera del mundo. No lo especifica. Pero es verdad que nada menos que al recibir el Premio Nacional de Cinematografía en San Sebastián, o debería decir Donosti que me da igual, se despachó a gusto diciendo que “no se había sentido español ni 5 minutos de su vida”, que “en cualquier guerra se iría con el enemigo” y por supuesto que “la guerra de la Independencia la deberían haber ganado los franceses”. O los chinos, quien te dice. A lo mejor se siente francés o chino, no creo que le gustara ser senegalés por ejemplo y estar a expensas de alguna patera, a lo mejor así no hubiera hecho cine o a lo mejor no lo conoceríamos. A lo mejor así no se hubiera quedado con el dinero del premio… ¡Qué se lo ha quedado! Y que seguirá aprovechando las subvenciones al cine español. ¡Hay que tener cara! Depardieu al menos lo hizo a las claras. Yo no entro en las opiniones sino en las incongruencias.

No lo considero anecdótico, tampoco me preocupan algunas paridas, simplemente me hace pensar. Por eso he tenido que tirar de historia para intentar comprender qué pasa en este país, España sin ambages, para que estemos con tantos fuegos separatistas por todos lados. Ya no existen las dos Españas de Machado, ya es que casi ni siquiera existe España, sólo quizá para el deporte. ¡Menuda la que íbamos a liar! Ahora me toca contra Extremadura, ahora contra Galicia… Lo de Cataluña está ya claro. En fin, pienso que en el mundo global en el que estamos hay que ser de algún lugar al que le debemos la historia, la general y la del terruño, y con la que hay que ser responsable. Yo me imagino ser de otro país y primero tendría que conocerla, porque la historia es la que nos vincula y nos hace ser de un sitio u  otro. Nosotros somos los que venimos de Altamira, los que para bien o para mal unificamos una geografía dispersa, que hasta ahí llego, que podemos no tener mucho en común en los extremos pero que participamos del mismo trabajo por todos y para todos. Que me guste la gran muralla china y todo el arte y el patrimonio universal no significa que me ponga el sari, rasgue mis ojos o me sienta vikinga. Uno y una es lo que le deviene ser. Y luego el compromiso.

Ahora se me ocurre que a lo mejor este hombre hubiera querido ser de Portugal o árabe porque hubieran ganado la Reconquista. Y me pregunto cómo le iría allí, con todos los respetos a estos dos países limítrofes. Tal vez ahora viviría en el zoco de Marraquesh, donde los altramuces nadan por los regatos de sus tiendas. O hubiera rodado Casablanca cambiando el final, porque este ya sería el principio de una enemistad.