Qué razón tiene siempre este tango… De nuevo estoy aquí, con vosotros y vosotras, porque si veinte años no son nada, imaginaros dos meses, aunque hayan sido lentos a base de calor asfixiante y ralentización de los días, para lo bueno y para lo malo. Me alegro de encontraros, esperando que bien, porque al fin y al cabo sois mi gente. Volveremos a aquello de que “no hay frase bien dicha que no pueda ser mal interpretada”, con lo que tan a gusto despachamos los días a pesar de que yo soy pública, todo el mundo sabe quién soy, casi como pienso y además no me aparto de ello y así lo hablo. O así lo escribo para que no se lo lleve el viento. Pero bueno,  seguiremos con el juego.

No sé muchas cosas que hayan pasado en este tiempo, aparte del calor. Sí recuerdo que he tenido que hacer un esfuerzo doloroso para entender que mi querido Don Alberto ya no está donde siempre aunque su lugar en mi interior le hace permanecer. Sé que Linares se portó con él como lo que es, un pueblo agradecido que se vuelca en lo verdaderamente importante. Tampoco estará mi amigo del “horno de Carmen” al que visitaba con frecuencia dadas mis escasas dotes culinarias y que además no me importa, porque cada cual debe ser profesional en lo suyo. En fin, sólo he sabido cosas que llaman a la ausencia y al pesar, pero seguro que poco a poco me vais contando lo que para cada uno o una ha sido importante y alegre en este verano tórrido.

Y como sostengo sobre la casualidad, resulta que me toca volver a saludaros el mismo día de san Agustín, nuestra feria. Ya se ha celebrado la final del concurso de tarantas viendo con satisfacción que ha tenido su pregón. Recuerdo, y sólo lo digo porque lo he recordado, que yo fui la que introduje, como concejala de Cultura allá por el 2003, el pregón. Consideraba que lo mismo que la feria, las tarantas debían tener su pregón, un acto que invitara a reflexionar sobre nuestro cante, la historia y las personas de nuestro cante tan olvidado, sí, en general tan olvidado. Recuerdo la solemnidad de la palabra y el quejío de la taranta y de todo lo que aprendí de cantaores entrañables en lo que para ellos, y para mí, era el verdadero pórtico de la Feria. Veo que sigue el pregón taurino con el mismo fin aunque no el oficial, el de para todos, y en su día ya protesté por ello. No sé, o no creí,  las explicaciones que se dieron, creo que fue algo crematístico cuando aseguro que en Linares hay cantidad de personas, hombres y mujeres, que lo harían por nada, sólo por ensalzar su ciudad. Y si no, que se empiece por los concejales y concejalas, sería un plus para su conocimiento. Se dice que todo es política, yo digo que no todo es política. Y lo mantengo.

Así que comienzo por desear una feliz feria  y recordando con el último chupinazo y el sabor a ceniza ambiental, que la vida sigue, que hay que hacer más y hablar menos y ponerse a trabajar para ver si mejoramos algo. Lo comentaremos.