NEMESIO EN LA PANADERÍA

La panadería Virgen de Linarejos, que está en el Paseo, es la panadería de cabecera de un servidor y hacen un pan que es bendito. Allí somos atendidos por Antoñita, Mari y Mónica, que no paran en toda la mañana (eso es bueno para el negocio). Generalmente voy yo a comprar el pan y como Nemesio sabe de mis quehaceres domésticos, ronda por allí, haciéndose el encontradizo a ver si me puede enganchar para que lo invite a unas birras. “¡Hombre Parri, envítame a unos cuantos vasos de líquido dorao!”, me suelta nada más verme.

No a una caña, sino varias ¿eh?…pero que morro tiene. Le paso el brazo por el hombro y le digo: venga conmigo a comprar el pan. “Pero lo que yo quiero es una birra, que estoy seco”. Ahora Nemesio, primero el pan. Entra conmigo a la panadería y digo a Mari, Antoñita y Mónica a bombo y platillo: Os presento a Nemesio. Las tres se quedaron mirándolo con una cara de sorpresa indescriptible, con una amplia sonrisa, sin salir de su asombro. ¿Vd. es el Nemesio de verdad? Ahora el sorprendido fue el abuelete que sólo acertó a decir “Sí”. Allí las panaderas, le dijeron hasta guapo y le plantaron un par de besos en la cara. Le hicieron saber que era muy famoso en Linares y que todo el mundo esperaba la columna en la que él salía para leerla, que era todo un personaje y que con sus ocurrencias caía muy bien a la gente. El abuelo estaba como en el cielo, se le caía la baba y creo que llegó a sentir orgasmos múltiples. A mí me soltó:”¿Ves so cara cartón lo famoso que soy? Todo esto ocurría en presencia de varias personas. Un señor le preguntó si él era Nemesio el Rojo, a lo que contestó orgullosamente: “De toa la vida”. El señor le dice dándole la mano: Aquí Adolfo, Falangista por la gracia de Dios y fan suyo, porque me gustan sus maneras. Nemesio ni se inmutó, porque todavía era víctima de los halagos. Cuando se recuperó de las adulaciones, le dice al tal Adolfo:  “Le doy la mano porque soy un caballero y porque mi amigo Parri, nos va a invitar a usted y a mí a unas birras y lo que caiga, ya que es Vd. admirador mío. Le aseguro que  cuando nos las tomemos, dijo el viejo, usted va a acabar siendo de los del puño en alto”. Eso, eso (dije yo) y después de la invitación, me pongo a pedir en la puerta de San Agustín, ¡no te jode!

No hace falta, dijo cortésmente el tal Adolfo, ¡Yo invito!. Nemesio se despidió diciendo : “Bueno niñas, un placer y no dejéis de leerme”, dijo orgullosamente. Adiós, Nemesio, venga cuando quiera por aquí. Pero antes, dice Antoñita: Nemesio, le voy a regalar un brazo de gitano para que se lo tomen en la merienda su Dolores y Vd. y si invita a la Evarista mejor, que ella viene a comprar el pan algunas veces aquí y nos cuenta muchas cosas acerca de Vd. y su Dolores.                                                                 “Vendré a veros, porque hoy me habéis alegrao er día. No como el Parri  endesgraciao que siempre acabo peleao con él porque es un rojo tan descafeinao que ha pasao al color rosa y seguro que dentro de ná al azul”. Yo para chincharlo le dije: Nemesio, es que yo tengo una posición y… Vaya ojos que me echó.

Pero antes, nos llegamos a la “botija” del Trejo, porque le hacían falta positorios para su dureza intestinal y después fuimos al bar que eligió el tal Adolfo.

Con dos o tres “ligás” más, Nemesio acaba afiliándose a Falange Auténtica. Y menos mal que no estaba presente Alberto Español, que si no, se afilia allí mismo a los Círculos de José Antonio.

Va a misa todos los domingos acompañando a su Dolores y la Evarista, que es muy mirada, de buena posición, católica y de derechas ella, como Dios manda. Pero él, por no esperar fuera de pié, se sienta en un banco del final debajo del coro y lee el Granma que le envían de Cuba, porque el beaterío no le interesa. Cuando salen de misa le dice a la Evarista: “Venga Eva, envítate a unos tintorros” Ahora le ha dado por vender almanaques de bolsillo con una foto de Fidel, que cobra con usura a 1 euro. A mí quería darme un puñado de esos almanaques para que se los vendiera, a lo que me negué en rotundo diciéndole para cabrearlo: Ahora su Camarada, acostándose con el negrito de la casa Blanca. A la megde Vd y su Fidel. Si no me aparto me abre la cabeza con la botella de birra.

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