ADIÓS, AMIGO

Supe que un día llegaría

En el que el alma de Linares notaría su ausencia.

Nunca era el momento, pero ha llegado,

y no me quedan más palabras

que las que le he dedicado siempre con  amor sincero.

Hoy quiero recitarle lo que no llegué a escribir para usted.

Don Alberto…

A las aladas almas de las cuerdas

De la querida guitarra le requiero.

Que aún nos quedan que hablar de muchas cosas

Compañero del alma, compañero.

Tal vez no sean ahora las mejores palabras que pueda dedicarle, tal vez ahora no pueda escribir más que a impulsos de la tristeza. Pero así lo siento. El dolor de este momento me impide hacer un panegírico digno de su gran humanidad, no tengo que demostrar nada ahora que sólo tengo una especie de vacío junto a un regusto a ceniza difícil de procesar. Un silencio en el alma y en el recuerdo que lucha por mantener la presencia que noto dentro de mí. Pero estoy segura de que me escucharía con esa humildad elegante y esa media sonrisa, fruto de su gran inteligencia, y  al final devolvería hacia mí todas las palabras dedicadas a él. Me había entendido. Ahora también.  Siempre me daba las gracias, me buscaba por donde pudiera para hacerlo. Ahora también sé que me las dará.  Ya noto que me ha encontrado.
Sé que me quería Don Alberto, como él sabía que le quería yo. Los dos lo sabíamos. Me gustaba que me llamara por mi nombre porque había cierta intención de familiaridad quizá parecida a la forma en la que nombraría a su hija, Mercedes, con quien tanto siento ahora. Tu familia y tú, Mercedes, sabéis cuánto estoy con vosotros.
No estoy en Linares y nunca he creído en las casualidades. Estoy con él y con su familia, un abrazo cercano, algo de lo que no me podría haber despegado allí para seguir la vida. Aquí lo siento más cerca, como más para mí porque a él ya le puedo decir todas las cosas, todas las que él entendió, todas en las que él me animó, todas las que él me demostró confiando en mí. Me respetaba cuando él era el grande, él era el digno de respeto, pero que viniendo de una categoría humana y una exigencia personal como la suya, calmaba el alma. Lo sabía, él lo sabía todo. Él creía en mí.
Siempre dije que era el último testigo de un Linares glorioso, siempre dije que él era el más grande de todos porque engrandeciéndolos a ellos se engrandeció él. Algo que no le perturbaba y que ha dejado bajo su capa de sencillez, generosidad, aceptación, rigurosidad y sabiduría. Han sido cien años de transmitir nuestro pasado y nuestra esperanza de futuro. Queda él, siempre quedará él.
Sé que Linares le rendirá el agradecimiento y el honor que se merece, porque se lo merece, pero también porque ya no queda nadie, nadie se ve en el horizonte con tanta grandeza, que ensamble mejor una memoria tan a caballo entre dos realidades tan contrapuestas. Él era el nexo de unión entre nuestras identidades, tengo la sensación de que su presencia estará siempre entre nosotros, yo lo sentiré en cada esquina de su gran obra: nuestro museo Andrés Segovia. Es un edificio, fue una ilusión dedicada a otros, pero para mí es él quien le puso alma.
Y el alma nunca muere. Los dos lo creemos así.

Sobre el autor

5 comentarios en “ADIÓS, AMIGO”

  1. Totalmente de acuerdo con todo lo que dices de este Amigo, pues era amigo de todo el mundo, tratando con cercanía, respeto y consideración, a todos/as, que se cruzasen de cerca o de lejos por su vida. Incansable trabajador hasta sus últimos días y siempre pendiente de ser útil, en especial para los más débiles. Una ejemplar e inolvidable persona… y un autentico caballero de pasta Cervantina. Mi sentido pésame hacia sus familiares y amigos. Que la tierra le sea leve y que en paz descanse D. Alberto.

    1. Porque esto está lleno de «Premios Nobel», que cuando ven, según que seudónimo firma el comentario, le dan al rojo y luego lo leen……o quizá ni lo leen…….
      Bonito el comentario del compañero Cítrico (como siempre) y el escrito de la señora Rueda……..Si se pudieran votar en contra los artículos tendría también un buen chorrillo en contra, no me cabe duda…….Joder por joder se les da muy bien a ciertos individuos votantes de «los Soprano»………

  2. José Arcadio Buendía

    Admirable que hasta los más sectarios dediquen unos justos y merecidos elogios a la figura de D. Alberto López Poveda. Cítrico, totalmente de acuerdo con las muy merecidas alabanzas que dedica a tan honrada, trabajadora, caritativa e insigne persona. Añadiría que deberíamos tomar algunos ejemplos de su forma de actuar y hablar.

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