EL DECRECIMIENTO ECONÓMICO

 

En la sociedad neoliberal, siempre se defiende que para desarrollar un país hay que crecer económicamente. Pero el crecimiento sin control, el ir demasiado deprisa, tal como se nos quiere hacer ver,  siempre va contra la propia naturaleza, contra la propia sostenibilidad del planeta, contra la propia humanidad, es auto destructivo  Es más: hay que separar el desarrollo del crecimiento. Sobre todo si hablamos del desarrollo humano (y no solo del económico)  Algunos creen que es cada vez más necesario desarrollarse como seres humanos sin necesidad de crecer económicamente. Y más aún: para ser felices, para desarrollarse como seres humanos, hay que decrecer.

¿Cuántos partidos políticos llevan en su área de economía el concepto de decrecimiento  económico como imperiosa necesidad? Los gobiernos siempre preocupados por los puntos de crecimiento cada año. Pero yo me pregunto: ¿Crecer hacia dónde,  quién crece, crecer para qué, en qué dirección y en qué cosas, con qué finalidad? Visto así, que es la pura y dura realidad, no hay crecimiento económico sostenible, eso es una falacia.

Dice el economista, filósofo y pensador Serge Latouche, ideólogo de la cultura del decrecimiento:

«La consigna del decrecimiento tiene como meta, sobre todo, insistir fuertemente en abandonar el objetivo del crecimiento por el crecimiento”

La investigación se inscribe pues, en un movimiento más amplio de reflexión sobre la bio-economía y el post-desarrollo que implicaría un cambio radical de sistema.

“Muchas organizaciones por el decrecimiento, han adoptado como logo el caracol, en referencia a las palabras de Iván Illich sobre la Lógica del Caracol», reforzado paralelamente con el pensamiento de Juan Ramón Jiménez. Y no solo porque el caracol se mueva despacio, sino porque es un ejemplo del uso del mínimo de energía para lograr una protección (la concha) muy resistente. La forma de la concha del caracol es un ejemplo del uso racional de la materia para lograr la máxima protección.

La conservación de la armonía de la naturaleza, se  afirma, no es posible sin reducir la producción económica sin sentido, que sería la responsable del agotamiento de los recursos naturales y de la destrucción del medio natural  que actualmente estaría por encima de la capacidad de regeneración natural del planeta. Además, también cuestiona la capacidad del modelo de vida moderno para producir bienestar. El reto estaría en vivir mejor con menos o utilizando razonable, moderada e inteligentemente lo que tenemos.

Hay que sustituir el concepto de desarrollo económico por el de desarrollo humano. No se trata de ser más ricos sino más humanos. La riqueza no da la felicidad.

Los partidarios del decrecimiento económico proponen una disminución del consumo y la producción controlada y racional, permitiendo respetar el clima, los ecosistemas y los propios seres humanos.  Y eso, naturalmente, no le gusta a las grandes corporaciones que se basan en la máxima ganancia de dinero.

Fue en Laos donde se produjo el cambio de perspectiva, en 1966-1967. Allí existía una sociedad que no estaba ni desarrollada ni sub-desarrollada, sino literalmente “adesarrollada”, es decir, fuera del desarrollo.

Si para el desarrollo, las grandes petroleras con sus perforaciones, han de destrozar el Ártico, o empresas madereras, hacer desaparecer las 3/4  partes de la Amazonia, todo sea en pro del desarrollo. Si por obtener recursos energéticos hay que realizar el fracking, envenenando los acuíferos subterráneos y provocando micro terremotos, todo sea por el crecimiento económico. Si para el desarrollo, la pesca del atún en Barbate, ha de ser dirigida por los japoneses, haciendo peligrar la especie, y despiezando los atunes con cuchillos japoneses, porque así lo imponen ellos, pues nada, se hace. Si los caladeros de pesca, los estamos haciendo desaparecer… Todo por el “dios”  del crecimiento económico. Si nuestra lavadora, TV. friega platos, aparato de música se avería, pues nada, se compran nuevos, porque así nos lo han metido a sangre y fuego en nuestras entendederas. Si el coche tiene una avería gorda, iremos pensando en comprar uno nuevo… es lo que nos aconseja el mercado…. porque  reparar una avería, sale más cara que comprar una cosa nueva. Los electrodomésticos están pensados para que duren lo justito, unos pocos años y venga, otros nuevos. Las bombillas LED a precios prohibitivos, el IVA al 21%. Las familias que tienen algún empleado doméstico, porque por enfermedad no pueden hacer las tareas de la casa, no desgravan por crear un puesto de trabajo. ¿Y qué decir de las dificultades crecientes para aquellos que impulsan las energías alternativas? Los autónomos y pequeños empresarios, cada vez más perseguidos. Quienes tienen a hijos extranjeros en acogida por razones humanitarias y los tienen estudiando, como un hijo más, cuando llegan a los 18 años, los motivos humanitarios desaparecen por Ley y los padres de acogida, obligados a buscarles un trabajo que cotice a la S.S para demostrar que  estos jóvenes, cuentan con ingresos propios y no ser un lastre social y si no…. Les dan ”boleto” ¡Qué nos importan a nosotros los problemas de los sudacas, negracos, moracos y demás subespecies casi humanas!

Pero no importa, crecemos al 3%. Y bueno, esa paparrucha de decir que cuanto más se posee, más decrecemos en moralidad, humanidad y solidaridad,  ya hasta aburre, pero es que servidor es mú pesao, y no dejaré de decirlo desde el “soviet” de mi casa.

Locas chorradas que hay que oír de la inefable  Esperanza Aguirre,  otra fabricante de etiquetas.

¡Qué tiempos aquellos en que recogíamos sellos de correos usados, destinados a los chinitos de la China, para que pudieran comer. Qué felices y buena gente éramos ayudando a los pobres chinitos!

Y a pesar de ello, sigo creyendo en la capacidad de regeneración del ser humano, porque tengo fe y esperanza en el despertar de todos nosotros.

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