En primer lugar felicitarnos por el fútbol, por haber ascendido a Segunda B, que ya era hora de tener una alegría. Se ha logrado un sueño y estos días pasados lo celebrábamos con la recepción en el Ayuntamiento, con la ofrenda a la Virgen, con la concentración en la plaza de Aníbal e imilce de cientos de personas eufóricas recibiendo a los jugadores y subiéndose al minero como si de la Cibeles se tratase. Ya todo el mundo se sube a alguna parte y nadie se atreve con las plazas intocables…sólo el fútbol. Y es que inconscientemente se busca la identidad, el azulillo es nuestra identidad, como los es también no quedarse en los vítores locales y mirar a los provinciales, que ya nos entendemos. Muy bien, lo disfrutaremos.

Soy consciente de que el fútbol mueve las masas como nada en este mundo y nosotros no somos menos. Pero una vez despejados los fuegos artificiales, mientras se vacían las calles desde esas altas horas, niños incluidos, en esto no se escatima sueño y si no se va al cole pues no se va, a mí se me ocurre pensar que no queda ahí la cosa. Que hay que jugar y ganar todas las semanas, por supuesto, pero que también, al tener que enfrentarnos a equipos de fuera, que vendrán otras gentes,  que de alguna manera lo notaremos en la economía y hasta a lo mejor, además, hacen turismo, van a Cástulo y visitan nuestros museos, tenemos que dar algo a cambio. Que se nos puede olvidar.

Porque una vez pasada la satisfacción lógica, toca ponerse a trabajar, hay que estar preparados. Id pensando y repasad cómo estamos y lo que hay que arreglar.  Hay que ofrecer una imagen atractiva y cohesionada de nuestra ciudad,  hay que hacer ostensibles y atractivos los accesos, esas rotondas llenas de hierba seca… hay que mantener la limpieza, hay que reformar las instalaciones, hay que cuidar los jardines para que estén vivos que es su fin y su alegría, hay que procurar que las calles aparezcan saneadas, que no haya solares descuidados por doquier, hay que hacer del civismo una asignatura que tenemos pendiente para tener una fisonomía digna. Y más cosas, todas las cosas. Que un pueblo alegre se manifieste, y si se lo debemos al fútbol, pues bien. Pero hagámoslo, no aparezcamos como un pueblo aplastado en lo demás.

Pero no he acabado, hay más, siempre hay algo más. Yo ya me rindo a que el fútbol sea lo que une y lo que da conciencia de ciudad. Pero aunque sea clamar en el desierto no puedo dejar de decir que no somos coherentes. Criticamos y hablamos demasiado. Comparemos ahora.  Nos quejamos de que no hay trabajo pero a la manifestación del primero de mayo y otras convocatorias para este fin, no va casi nadie; a la recogida de alimentos y colaboración para los más desfavorecidos casi no aparece nadie; a los eventos culturales siempre van los mismos, el resto ni se entera ni quiere enterarse, en las reivindicaciones por delincuencia o violencia contra las mujeres sólo se manifiesta un grupo de desocupadas, como dicen o parecen decir las miradas de quienes pasan al lado como si con ellos no fuera nada de nada… Pero de nada. Y así todo. Yo me digo: ¿por qué no hacemos igual que con el fútbol?  Que el fútbol sí, pero lo demás también.

Sé que es inútil, pero debo decirlo. Uno de los caminos debe escogerse: o hablar con coherencia y responsabilizarse de todo, o callar para siempre. Es el eterno dilema, pero parece ser que de algo hay que hablar y lo recurrente es hacerlo sobre el fútbol, ya que del tiempo aquí hay poco que decir.