Ya, ya sé que no es una huelga de hambre al uso, ya conozco y he tomado nota de toda la gente que me ha corregido intentando que cambie la nomenclatura para que ponga “ayuno”, ya sé que sólo va a ser no comer nada en un día, todo eso lo sé. Y sin embargo continuo con la huelga de hambre, para mí que nunca la he hecho, lo es.
Pero me apetece decir todo lo que opino con respecto a esto. Decir ayuno a mí me trae reminiscencias de estética personal o religiosa, y religiones hay muchas. Hay ayunos cristianos como en la Semana santa, ayunos islámicos como el ramadán, ayunos judíos de expiación, y me supongo que hay ayunos tanto personales como colectivos en todas las opciones. Para mí, aunque no sea una acepción correcta gramaticalmente o según significados, y de ese tema se podría hablar mucho en otras cosas que la RAE preconiza y no estoy de acuerdo, es una huelga de hambre. Una huelga de hambre reivindicativa, de lucha no violenta. Una huelga para llamar la atención sobre derechos conculcados, para reclamar la desaparición de reglas que confirman lo ilegítimo o cuando menos lo no humano.
Mujeres Vecinales ha llevado a cabo durante un día una huelga de hambre en ese sentido con el fin de hacer algo para espolear las conciencias de los demás sobre la violencia de género y como forma de estar con ellas, con las muertas, con las asesinadas, con las violentadas, con las maltratadas. Pensamos que es lo mejor que podíamos y debíamos hacer para demostrar nuestra indignación. Se hacen manifestaciones, concentraciones, manifiestos, y eso está muy bien, pero parece que nadie se conciencia por eso y aún teniendo mucha importancia no soluciona nada ni nos sacrificamos por nada. Y nos duele que la gente pase y mire como si no tuviéramos otra cosa que hacer cuando sabemos que hay muchas formas soterradas de practicar violencia hacia las mujeres, primero a las propias. Mujeres Vecinales, como muchas otras mujeres de aquí y de fuera invaden las redes sociales con su indignación, se enfrentan a comentarios desagradables, se mantienen pacíficas cuando podrían perfectamente rechazar contundentemente todo tipo de maltrato casa por casa, se matan por hacernos entrar en razón… Pero las muertes continúan.
El miércoles fue un día de dolor por las víctimas y una inyección de ánimo para las supervivientes. Fue un día de recuerdo, de reflexión, de concienciación, no lúdico ni de encuentro, un día reivindicativo hacia la poca sensibilidad en la prevención de estos casos por parte de los responsables y de los jueces y juezas que por mucho que la ley esté clara no aplican su espíritu de prevención y protección. No saben, no quieren saber, lo destrozadas que están, lo indefensas que se sienten. Lo que sufren por ser mujeres “de” o “con”. Pues contra todo esto estamos.
Con la huelga de hambre hemos querido visibilizar que la violencia contra las mujeres no es algo privado ni reducido a la familia, no es algo que luego se termina con “eran una pareja perfecta”. Desconfiemos de lo perfecto, miremos a los ojos de las mujeres o mejor, preocupémonos cuando no se los veamos. La claudicación es algo que se palpa y tiene muchas caras. Así que pongamos remedio eficaz, nosotras sólo vamos a dejar de comer un día, llamémosle como queramos, de momento, pero eso servirá para sentir una ínfima parte de lo que ellas sufren diariamente. Y que es verdad, están más cerca de lo que suponemos.
Por ellas, por las asesinadas, por la sonrisa de las supervivientes, queremos llevar a cabo la frase de Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”. Incluso con la pequeñez de no comer sólo un día.











Es simbólico, pero, ¿es eficaz?
Busquemos posturas eficaces: Acorralemos a los maltratadores, demos protección a las maltratadas, denunciemos, aislemos socialmente al maltratador…