De las pasadas elecciones autonómicas pueden extraerse infinidad de lecturas, infinidad de actos de constricción, infinidad de buenos propósitos, infinidad, en definitiva de análisis y conclusiones (dimisiones pocas, ¿eh?, eso sí)

De todas, para los que pensamos que uno los mayores problemas que atraviesa nuestra Comunidad Autónoma, amén de la corrupción, es el paro y la penosa situación económica que sufrimos sus gentes, no deja de llamar la atención el despilfarro que unas elecciones como las mencionadas suponen para el bolsillo de todos los andaluces, todos digo, porque aún los que no trabajan o no cotizan lo sufren, pues podrían disponer de mejores servicios públicos con parte de ese dinero.

Si tenemos en cuenta que en Andalucía, el 22 de marzo, hubo unas nueve mil ochocientas setenta y tres (9.873) mesas electorales y que en cada una de ellas tres personas cobraron, a la sazón, sesenta y tres euros (63€) (una mísera cantidad tomada aisladamente para cada uno de los presidentes y vocales de mesa que trabajaron desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche o más), nos encontramos con un total de 9.873 X 3 = 29.619 X 63 = 1.865.997 €; es decir un millón ochocientos sesenta y cinco mil novecientos noventa y siete euros. Poco para unos presupuestos generales, mucho para cualquier ciudadano o colectivo.

 Si a esta cantidad le sumamos las horas que trabajaron en domingo los funcionarios que colaboraron, y que yo desconozco, los del Juzgado, los de Correos, los de la Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local, etc. etc. y, además, el gasto en operarios que transportan el material electoral como cabinas, urnas, etc. y el del papel de papeletas, impresos, material de papelería, etc. y, siempre multiplicado por 9.873 mesas, háganse una idea.

 Por todo ello, aprovechando la renovación de la Cámara Andaluza en general y,  en particular, de la entrada en ella de dos formaciones nuevas con aire fresco y renovador, como son Podemos y Ciudadanos, sería un buen momento para reflexionar y plantearse el ahorro, por poco que sea, en cuestiones como las que aquí manifiesto, y otras tantas que dependen de las administraciones y de las que también podría sacarse un ahorro si se gestionaran de otra manera.

 Y no he hablado del vergonzoso gasto en publicidad y propaganda electoral cuya financiación ha sido dudosa hasta ahora en algunos de los partidos que nos van a representar en la Cámara.

 Vivimos inmersos en un mundo virtual y más del 80% de los recursos informáticos y de telecomunicaciones los empleamos sólo para ocio. ¿Por qué no buscar fórmulas para votar empleándolos y dejar la presencia física sólo para aquellas personas que por edad les resulte difícil ya integrarse en este mundo de las nuevas tecnologías? Una tarjeta de crédito, un DNI con chip y pin, una firma electrónica, un cajero automático, una máquina específica, etc. ahorrarían recursos.

 Seguro que a cada uno de ustedes se les ocurre algún lugar o algún acto administrativo dónde poder ahorrar una importante suma de dinero; no sólo en el asunto electoral. Sería también un buen momento para que el futuro gobierno andaluz abriera una dirección (postal y electrónica) dónde recibir sugerencias de los ciudadanos, para su posterior estudio y viabilidad.

 ¿Utopía? No. Un reto. Una prueba de que el pueblo andaluz no es tan ignorante, ni de tan bajo nivel cultural como en algunas otras Comunidades Autónomas y países de la Unión Europea pretenden hacer creer y hacernos creer.